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Reforma interior de la espiritualidad cayetana
Baltazar Moreno Baeza
Hablar de reforma pareciera ser un término por demás preocupante, incluso, me
atrevería a decir alarmante, ¿por qué? Por todo lo que podría esconder detrás
este término, es decir, qué sucedió, o qué está sucediendo para que se piense en
hacer una reforma.
Considero que todos sabemos lo que es una reforma. Podemos decir que es cambiar
o transformar algo que ya no funciona o que ya no cumple con las expectativas
para lo cual fue hecho.
A lo largo de la historia ha habido un sin fin de reformas en todos los ámbitos
del quehacer humano: en el arte, en la política, en el deporte y hasta dentro de
la Iglesia. Esto último es lo que nos interesa en este momento.
En la historia del Antiguo Testamento, hubo una gran reforma conocida por todos
nosotros y lo podemos constatar en el libro de Esdras y Nehemías. Hubo un
personaje llamado Esdras, hombre santo y lleno del Espíritu de Dios que llevó al
pueblo de Israel a reconocer nuevamente a su Dios después de que éste salió por
designio del Padre, del destierro en Babilonia (Es 1 ss. 7 ss; Neh 8 ss). Pero aquí
hay un detalle bien importante: no fue una reforma de estructuras o de leyes, ni
de usos ni costumbres del pueblo, porque no pudieron cambiar nada de lo que Dios
ya había establecido a través de Moisés y los demás autores santos. No, más bien
fue una reforma de actitudes, un cambio interior desde el corazón ya que
precisamente el corazón y la mente del hombre lo llevaron a desconocer a su
Dios, Yahvé, e irse con dioses extranjeros. He aquí la causa del destierro. Pero
Dios siempre provee hombres santos y de corazón recto para hacer reaccionar a
quien o quienes se desviaron del camino del Padre.
Durante la Edad Media (ss. XIII- XVI aprox.) los usos y costumbres se relajaron
dentro de la Iglesia Católica y del mundo en general. Se comenzaron a mezclar
los intereses seculares y los espirituales a tal grado que se vieron alianzas de
todo tipo entre el poder político que detentaban los reyes de Europa y el poder
espiritual representado por los Papas, Obispos y Cardenales. Se cayó en el abuso
de la impartición de la doctrina católica, en la distribución de los sacramentos
y sacramentales y de las riquezas materiales. En esta etapa surge también la
llamada “Santa Inquisición” para “salvaguardar” la sana doctrina de la Iglesia,
castigar y purificar a aquéllos que no estaban de acuerdo con la nueva forma de
interpretar, vivir y entender el Evangelio de Jesús. Muchísimas vidas fueron
castigadas y ejecutadas injustamente. Ya el Papa Juan Pablo II pidió perdón por
este error histórico.
En pocas palabras, la Iglesia: Jerarquía y pueblo en general se corrompieron
creando un sin fin de acontecimientos que fueron los que llevaron a crear el
movimiento de reforma más importante de la Iglesia después de Cristo.
Como habíamos comentado un poco más atrás, Dios provee lo necesario para
enderezar el camino seguro. Es así como surgen varios movimientos religiosos
deseosos de contrarrestar la corrupción existente en la Iglesia y en el pueblo
católico. Nace entonces en medio de este caos la orden de los Clérigos Regulares
Teatinos (1524) con su fundador Cayetano de Thiene quien movido por el Espíritu
Santo, se propone practicar una vida de comunidad y de fe siguiendo los consejos
evangélicos de pobreza, castidad y obediencia al lado de otros que, como él,
estaban hastiados del modo de vivir en el mundo.
En forma sencilla, pero muy efectiva, san Cayetano propone llevar una vida en la
que todos sigan un mismo espíritu de humildad expresado primero en un
reconocimiento del ser humano como pecador y segundo, que sin la gracia de Dios
no somos nada. También recomienda un espíritu de servicio en el que todos seamos
como hermanos de verdad a la manera de Jesús que fue el primero en servir a los
demás. Por otro lado, pide vivir un espíritu de pobreza en el que nadie suspire
o anhele tener bienes materiales, sino que más bien nos cobijemos en la promesa
del Evangelio que dice “Busquen primero el Reino de Dios y sus justicia y todo
lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6, 33).
Finalmente, san Cayetano invita a un espíritu de fe auténtica que se manifieste
en las obras de caridad y de amor, primero con los propios hermanos de la
comunidad y, finalmente, en toda la Iglesia. Pero todo esto no se puede lograr
si primero no hay una vida de conversión desde lo profundo del corazón y
deseándolo con toda la mente, como veíamos al principio con el ejemplo de
Esdras. Si no hay una reforma desde nuestro interior, desde nuestro espíritu,
difícilmente podemos aportar a los nuevos retos que nos va planteando la vida
moderna porque yo creo que en no pocos ámbitos de nuestra vida también
necesitamos una reforma interior.
Así es como san Cayetano participa en la reforma de la Iglesia a través de su
comunidad de Teatinos y si bien no se puede lograr una reforma plena de las
estructuras políticas, sociales y religiosas, al menos es un buen comienzo desde
nosotros mismos. Creo que este es el camino de regreso hacia el Padre: la
reforma del yo interior para que el mundo exterior se edifique con nuestro
ejemplo: “por sus obras los conoceréis” dice el Evangelio de San Mateo 7,15.
Vamos pues a predicar con ejemplo y a vivir una vida llena de fe, de esperanza,
de caridad y de servicio en la alegría del Señor resucitado.
«... porque Esdras
había aplicado
su corazón
a estructurar
la ley
de Yahvé,
a ponerla en
práctica y a
enseñar a
Israel los
preceptos
y normas».
Esdras 7, 10.
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