Las Historietas de
Lanceloto Avelino
Conversión constante que lleva a la Pascua del Señor
R. Sr. Ernesto Aké
Trujillo, C. R.
Querido lector: Que el Señor Jesucristo, resucitado por el amor del Padre,
nos infunda su Espíritu pleno de amor para ser constantemente unos “renovados”
capaces de seguir adelante en el camino de esta vida que nos conduce a la
plenitud del Reino.
En el número anterior el P. Lanceloto Avelino nos llevó de la mano por el camino
de la conversión y de la oración interior; ésa era su ascesis, ése era su estilo
de vida interior para llegar al amor del Padre y aprendimos que nosotros también
lo podemos hacer igual: ser orantes para ser santos en esta vida; nos enseñó a
renunciar a nosotros mismos para iniciar el ascenso hacia una vida de
perfección, ¿lo recuerdas?
Pues bien, el P. Lanceloto, en el ejercicio de la oración mental, así como
muchos atletas de nuestros tiempos se esfuerzan en su entrenamiento para
conseguir el triunfo en alguna disciplina, se levantaba una hora antes que todos
los demás para dedicar ese tiempo a la oración… siempre se ejercitó en la misma,
aún siendo ya mayor. Decía que cuando era un joven, de los 16 a los 27 años,
vivía en el propio engaño, seducido por los bienes temporales que le ofrecía el
mundo, pero incluso ya anciano, tenía que avanzar de virtud en virtud hacia la
perfección de todas ellas “…pues deja de ser bueno, quien deja de ser mejor”.
Quizás por eso y por el gran amor que Dios le tenía como nos lo tiene a cada uno
de nosotros, porque somos hijos suyos muy amados cuando el P. Avelino tenía ya
27 años de edad y se encontraba en la hoy ciudad italiana de Nápoles, llegó
también a esa ciudad el jesuita español Diego Laínez. Este Padre jesuita
encaminó a nuestro amigo Lanceloto Avelino por el ascendente camino de la vida
del alma iniciando los Ejercicios Espirituales en los que Lanceloto no deseó
otra cosa que imitar cada día más y más a nuestro Señor Jesucristo.
Pero Dios le tenía preparada una sorpresa aún mayor. En la ciudad de Nápoles se
encontraban ya desde hacía unos 15 años antes, los Padres Teatinos. En el año de
1553, cuando Lanceloto se hallaba en esa ciudad, el P. Cayetano de Thiene,
fundador de los Padres Teatinos, ya había sido llamado de este mundo a la casa
del Padre Eterno, pero era el superior de la casa teatina de Nápoles el P. Juan
Marinoni, que antes llevaba el nombre de Francisco Marinoni, quien al hacerse
teatino tomó el nombre de Juan.
Nuestro amigo Lanceloto tomó por confesor al P. Juan Marinoni durante tres años,
en los cuales no cesó en su oración constante ni dejó de tratar cada día de ser
mejor… pues no quería dejar de ser bueno. Y en su oración, se encontraba siempre
presente María, como la imagen de la Madre tierna y amorosa que siempre vela por
sus hijos y que pide por nosotros ante Dios para fortalecernos y ser mejores
cada día. Así era la Madre de Dios para Lanceloto.
¿Qué podemos aprender hoy nosotros de esta actitud de nuestro amigo Lanceloto
Avelino? Podemos aprender al menos dos cosas: no debemos dejar de ser mejores
cada día, si no queremos dejar de ser buenos hijos, buenos amigos, buenos
hermanos, buenos cristianos…
Es nuestro deber ser animadores de los demás podemos disfrutar mucho de ello y
eso lo logramos solamente cuando tratamos de crecer cada día de nuestras vidas
siendo cada vez mejores, entonces somos capaces de amar intensamente a nuestros
amigos, a nuestros padres y hermanos. Es ésta una experiencia tan grata y tan
benévola, que los demás nos ofrecen a cambio lo mismo: su amor incondicional.
Así ocurrió con Lanceloto Avelino; la gente que le rodeaba lo apreciaba
muchísimo, pues encontraban en él un ejemplo a seguir y un animador entusiasta
en todo momento. ¿Verdad que se antoja ser como él? Pues te invito a conocerle
más para dejarnos animar aun hoy día por su ejemplo y como Lanceloto ser
nosotros animadores en nuestro medio. Recuerda: debemos ser mejores cada día,
para no dejar de ser buenos.
Hay algo más que quisiera compartir contigo y con esto me despido para
encontrarnos en el siguiente número: Así como el P. Francisco Marinoni cambió su
nombre del siglo (así le llaman al nombre que se utiliza en el mundo antes de
ingresar a la vida religiosa) por el de Juan, Lanceloto Avelino cambió su nombre
para significar que el hombre viejo, el que no cambiaba, el que no trataba de
ser mejor cada día, había muerto y para significar también que había renacido
como un hombre nuevo, a semejanza de Jesucristo Resucitado y que quería imitarlo
siempre, auxiliado por la Virgen María, a quien también amaba intensamente.
Por eso ahora que los cristianos estamos celebrando la cincuentena pascual y que
en México celebramos a nuestra madre querida en el mes de mayo, te invito a que
seamos también hombres y mujeres renovados, re-nacidos como lo fue Lanceloto
Avelino y a confiar en nuestro caminar hacia la vida de perfección, animados por
el auxilio de María santísima.
¿Qué cual es el nombre que Lanceloto Avelino adoptó al ingresar a la vida
religiosa? Lo descubriremos en el número siguiente cuando veamos cómo Lanceloto
se convirtió en un continuador de la obra iniciada por el conde Cayetano de
Thiene en la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos.
¡Hasta la próxima, amigo!