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R. P. Andrés Burguera, CR, y la niña "Toy"La niña “Toy” y el Padre Andrés Burguera, C. R.

Edgar López Vargas

En una entrevista con la Sra. Martha Teresa Gerard (la Sra. Toy), ella nos compartió una valiosísima página del pasado de la Orden Teatina en México.

La Sra.
Toy desde muy pequeña conoció al P. Andrés Burguera. Nos cuenta que cuando recién llegó el P. Burguera a la Colonia Lindavista por el año de 1951, los papás de la Sra. Toy, Miguel Gerard y Magda Quevedo de Gerard, invitaron a su casa al P. Andrés y al cabo de unos minutos de plática, le preguntaron “¿dónde vive Padre?” “Muy lejos”, contestó, haciendo referencia a su natal Palma de Mallorca, España. La verdad era que no tenía donde quedarse pues el terreno donde pronto edificaría la primera capilla de los Teatinos a la Santísima Virgen y a San Cayetano en México, aún era un baldío y en la Calle de Cuzco había tan solo tres pequeñas casas y justo la de la familia de la entonces niña Toy se encontraba enfrente. Al quedar evidente la falta de un techo para el Padre Andrés, la familia Gerard le ofreció su casa. El padre aceptó y desde ahí quedó marcada la vida de la familia Gerard y en especial la vida de la Sra. Toy. En palabras de ella misma:

Fue como invitar a Jesús a nuestra casa.

De lo que más recuerda la Sra. Toy del Padre Andrés es que gozaba de un carisma increíble; era un hombre muy sabio, tierno, trabajador y, sobre todo, cristiano en el sentido más amplio de la palabra. Nos cuenta que debido a la cercanía con él, recuerda que ella de pequeña se le subía al Padre por la espalada para que le hiciera “caballito”; se dejaba despeinar por ella e incluso entre esos jugueteos le llegó a romper sus lentes. No cabe duda que fue muy afortunada al disfrutar de aquellos momentos junto a aquel hombre. Para darnos una idea de lo cercano que resultó ser Padre Andrés para la señora Toy, nos dice que vivió con ellos toda su infancia; él fue quien la bautizó, celebró su primera comunión, sus quince años, su boda y hasta alcanzó a bautizar a su primera hija.

R. P. Andrés Burguera, CR, en la boda de la niña "Toy"

Respecto a cómo llevaba su ministerio el Padre Andrés, nos compartió que era un sacerdote edificante; si bien jugaba con los niños, también les enseñaba el respeto por los recintos sagrados. En la construcción del Santuario de San Cayetano dejó ver la pasión por su ministerio. Nos cuenta que al padre Andrés se le podía ver muchos metros abajo en los cimientos del Santuario; se le observaba muy colorado, sudoroso, lleno de lodo, pues se arremangaba los pantalones y empuñaba con sus propias manos el azadón, el zapapico o la pala para ayudar a los trabajadores que hacían lo propio.

R. P. Andrés Burguera, CR, frente al San Cayetano que se venera en su Santuario Nacional de Ciudad de MéxicoCabe señalar que la misma Sra. Toy de niña, fue testigo de pláticas entre sus padres y el Padre Andrés quien, al terminar la merienda, comentaba que tenía que retirarse a hacer sus oraciones y a pedirle al Señor que le auxiliara con su Providencia ya que al final del día no tenía el dinero para pagarles a los trabajadores a la mañana siguiente. Nos cuenta la Sra. Toy cómo fue ella testigo de las repetidas ocasiones en que se hizo presente la Providencia, pues al día siguiente llegaba alguien que le decía al Padre Andrés: “no sé preocupe aquí tiene un donativo”. Le llegaron a regalar hasta perros que él mismo rifaba; también le hacían regalos personales como ropa y demás artículos, mismos que vendía o rifaba para poder pagar a los trabajadores que construían el santuario. Incluso nos cuenta que al Padre tuvieron que bordarle su nombre en los obsequios, como la ropa, para que no los pudiera rifar o vender.

Con el tiempo el Padre fue ayudándose con la construcción de una escuela (el Instituto Thiene) con colegiaturas muy accesibles y con un salón de fiestas. Todos los recursos los destinaba a la edificación del Santuario. Sin embargo, se decía: “¡millones y millones se han gastado en el Santuario para San Cayetano!”, y el Padre Andrés hacía la cuenta de que ni un centavo se había juntado porque él se sentía igual que el primer día que llegó a Lindavista; nada traía en las manos ni en el bolsillo.

 

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Última modificación: 27 de luglio de 2006