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¡Cristo ha resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado!

La alegría de la Iglesia se manifiesta de manera particular en este
tiempo de Pascua en el que todos los bautizados, que formamos parte de
ella, promovemos un ambiente especial para sentirnos acogidos y fortalecidos por
Cristo Resucitado.
Estamos de fiesta. El hijo pródigo ha regresado, “estaba muerto y ha vuelto a la
vida” (Lc 15, 24) y nos hemos unido para hacer la
mejor de las celebraciones. La puerta está abierta para que pase el que busca,
con sinceridad, al Dios vivo.
Si nos decidimos y entramos a la fiesta, seguro que nos encontraremos con el
Resucitado y, como en todos los encuentros que los Evangelios nos narran, la paz
y la alegría que genera dicho encuentro son palpables. La fortaleza que nos da
el recibir el Espíritu de Dios implica la responsabilidad y valentía de ser
testigos de la buena nueva. El compartir la mesa y comer fraternalmente es un
compromiso y una alegría.
Esperamos que en este número que dedicamos a reflexionar sobre el sentido de la
Pascua para el bautizado, la presencia amorosa del Padre para con nosotros, sus
hijos (Lc 15, 24-25), sea un instrumento que nos
haga dejar que Dios habite en medio de nosotros para iluminar y fortalecer
nuestra fe (Lc 24, 13-35). El saber escuchar
al Señor Resucitado como verdaderos discípulos - porque podemos, debemos y
necesitamos aprender - abra nuestra inteligencia y nos ablande el corazón.
Hermanos: ¡La fiesta ha comenzado!
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