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Nuevamente nos encontramos, queridos lectores. Ahora, con la alegría de saber
que hemos decidido escuchar la voz del Dios por medio del Ángel cuando nos dice:
« ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo hoy?» (Lc 24,
5). No podemos detenernos en este proceso de crecimiento,
de fortalecimiento de nuestra fe. Cada día es una buena oportunidad para
encontrarnos con nuestro Dios en medio de los manifestantes, que aunque nos
causan estragos y pérdidas de tiempo algo tienen que decir en medio de este
mundo cada vez más insensible. Nos encontramos con Dios por medio de los
ancianos, aquellos que se han desgastado y el paso de la vida, que no perdona,
les ha llevado nuevamente a depender, a no ser escuchados ni valorados, como
cuando éramos niños. La fe no camina sola, nos mueve a la caridad tal y como el
Padre Misericordioso nos lo enseña. El sale al encuentro, con los brazos
abiertos para recibir a su hijo pecador (Lc 15, 20).
Debemos mantener la esperanza en nosotros y en nuestros hermanos, no dejemos que
nos parezcan cotidianas las cosas que a conciencia debemos de cambiar. No
tengamos miedo de actuar como el Padre misericordioso, acogiendo a nuestros
ancianos, a nuestros niños, a nuestras mujeres, valorándoles y potenciándoles.
Busquemos que desde la profesión de nuestra Fe, fortalezcamos una humanidad
nueva, en Cristo, que ha Resucitado y nos ha dado una nueva vida.
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