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Las Historietas de
Lanceloto Avelino

R. P. Héctor Ricardo Ledesma Rubio, C. R.

Queridos lectores: les deseo un feliz año 2006, y le pido al Dios bueno y Providente, les siga bendiciendo cada día.

Retomamos la historieta de nuestro amigo y hermano Lanceloto Avelino, que en el número anterior lo veíamos en un momento difícil de su vida, donde parecía que todo se derrumbaba y amenazaba con desviarlo de su ruta. Pero la verdad es que gracias a la ayuda del Padre jesuíta Diego Laínez, este joven sacerdote reencontró el camino haciendo los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, que tanto bien han hecho a hombres y mujeres de todas las épocas desde que el antiguo soldado español se convirtió en el gran abanderado de la causa del Reino como nuestros fundadores de la Orden Teatina.

¿Qué son los Ejercicios espirituales y qué significaron para Lanceloto? Los Ejercicios espirituales son una experiencia de Dios y de confrontación consigo mismo, dejando de lado toda actividad y en un régimen de silencio, dedicando días o semanas a la meditación y a la oración. Las meditaciones versan sobre la creación, la vida de Cristo y el servicio al Reino principalmente. Y así el ejercitante poco a poco, va viendo cual es el “principio y fundamento” de toda su vida, cayendo en la cuenta, como lo escribe el mismo sacerdote de Castronuovo: “Que todo en esta vida es caduco, que la felicidad sin Dios no se encuentra jamás y que no hay nada mejor que dar la vida por los demás, a ejemplo de nuestro Sr. Jesucristo”.

No cabe duda que este padre quedó marcado para siempre por esa nueva experiencia de Dios, al grado que a partir de entonces fue cada vez más humilde, y a ejemplo de Cristo, aceptó incluso el desprecio y las burlas de los demás. Así llegó a escribir: “muchos desprecian las riquezas, las dignidades, la propia vida; más ¡ay! qué contados son los que sufren ser tocados en su reputación.

La suprema bienaventuranza es ésta: “Bienaventurados serán cuando los hombres los maldigan, cuando los persigan y digan de ustedes todo mal”.

¿Qué quiere decir eso? Que el P. Lanceloto aprendió a renunciar así mismo, a morir a su amor propio y a ser cada día mejor, no buscando su voluntad sino la de Dios. Son estos los pilares de la vida de nuestro santo sacerdote y a partir de ese momento a sus veintisiete años comenzará a ascender hacia lo alto, no importándole nada más que no sea la gloria de Dios y el bien de las almas.

Tenemos una buena enseñanza, que es válida para todos. Cada año sacerdotes, religiosos y religiosas hacen unos días de ejercicios y gracias a Dios esta experiencia espiritual cada día se abre más a los laicos quienes también necesitados de crecimiento espiritual dejan sus ocupaciones habituales para estar en intimidad con Dios. Una de las cosas que el Concilio nos ha dejado es que “todos los bautizados estamos llamados a la santidad”. Es decir que la santidad no es privativa de uno o de otro grupo, sino que en nuestra pertenencia al Pueblo de Dios todos debemos y podemos ser santos, y serlo es reproducir cada día en nosotros los rasgos de Cristo. Es caminar con Cristo y desde Cristo, como escribió en su carta del inicio del milenio el entonces Papa Juan Pablo II, promotor incansable de los laicos.

¡Hasta la próxima!

 

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Última modificación: 27 de luglio de 2006