Voces y rostros del Evangelio
Lic. Jorge G. Monsalve M.

Apóstoles y Evangelistas son los autores de la colección de 27 libros que
conforman el Nuevo Testamento.
Posteriores a la resurrección de Cristo, son estos escritos que sus discípulos
elaboraron para dar testimonio y expresión auténtica de su fe.
Dos partes de un pueblo y una misma fe, son los dos testamentos que configuran
las Sagradas Escrituras, divididas sólo por el amor y la cruz de Cristo.
La Historia Sagrada nos muestra a un pueblo que se va formando y madurando a
través de sus experiencias, procesos bélicos internos y externos, divisiones,
destierros y esclavitudes… y después de haber buscado las mil y tantas cosas que
necesita el hombre para saciar su ego; entiende que lo más importante no es la
vanidad ni lo superfluo, sino buscar el reino de justicia por el cual el hombre
será hecho nuevo y de esa manera conformar una nueva humanidad unida por el
valor intrínseco del amor.
El pueblo de Dios atravesó una crisis terrible con la opresión romana y la
radicalización de las corrientes entre las que su gente se dividía.
Era necesario todo este dolor para que el pueblo ganara en lucidez e
interioridad, lo que perdía en poderío y glorias terrenales.
Después de este devenir, descubre los grandes valores de la existencia y el
porque del más allá de la muerte… es entonces cuando después de tantos
salvadores, le llegó el único y verdadero Salvador.
La historia de Israel estaba destinada a desembocar en el pueblo universal de
Dios.
¡En el universo de Cristo!
En su predicación, Jesús llamaba a todos a que superaran lo estrecho de su
nacionalismo y fanatismo para que encontraran el verdadero camino. El verdadero
conocimiento.
Él no vino a cambiar la religión ni la fisonomía del mundo.
Su amor no vino a reemplazar la justicia ni a abolir La Ley y los Profetas. Vino a humanizarnos. A sensibilizarnos. A darnos una ley más perfecta. Su evangelio fue un legado de verdad liberadora que reorientó la historia y
empujó a todas las civilizaciones hacia una meta… la reconciliación de todas las
fuerzas del universo en torno a su verdad, a su persona; por eso fue necesario
que la evangelización en Palestina fuera un fracaso, para actuar en
consecuencia, y anunciar el evangelio a otros pueblos, logrando así, que la
Iglesia primitiva se extendiera por todo el mundo entonces conocido.
La fe de la Iglesia está fundada en los testimonios directos de los apóstoles. Como maestro, Jesús dedicó la mayor parte del tiempo a su formación y
convivencia. Les hacía memorizar sus enseñanzas; y más que multiplicar discursos, les repetía
de mil maneras las verdades esenciales. Talló en sus mentes y corazones, las instrucciones y mensaje de su misión,
además de los hechos que habían presenciado. Este conjunto de hechos y enseñanzas, Tradición apostólica, fue la semilla de la
predicación del evangelio para dar a conocer la persona y obra del Mesías de los
judíos y Salvador de toda la humanidad. Expresiones orales y posteriormente escritas, de los auténticos testigos y
ejecutores de su obra salvadora, que regaron con su sangre y abonaron con sus
vidas el génesis de la cristiandad.
XX siglos han transcurrido desde que estos hechos y dichos de Jesús fueron
plasmados en papiros con tinta y pluma. Trazos y bocetos que conforman la gran obra apostólica y evangélica del Hijo de
Dios.
Mateo, Marcos y Lucas , pintaron con pinceladas parecidas el retrato de Jesús,
pero cada uno tenía definida su propia teología y conocimiento de Cristo. Juan, en cambio, demuestra su originalidad desde el prólogo y no coincide con
ellos, sino de vez en cuando.
Mateo, como discípulo, conoció y convivió con Jesús durante toda su vida
pública. Vivió su sabiduría, compartió sus angustias, aprendió su doctrina. Caminó con Él, oró con él y lo vio morir crucificado. Mateo o Leví, era un publicano (judíos que trabajaban para los romanos como
recaudadores de impuestos). Persona rica y pecadora (se les llamaba pecadores a
los que no observaban la ley de Moisés y a los que cooperaban con las
autoridades extranjeras). Jesús lo vio sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo:
“Sígueme”. Mateo lo siguió y después le ofreció un gran banquete en su casa, donde Jesús
comió en compañía de otros recaudadores y empleados romanos. Los fariseos se escandalizaron y dijeron a los discípulos. ¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores? Jesús los oyó y les respondió: “No es la gente sana la que necesita médico. Aprendan lo que significa esta palabra de Dios: ME GUSTA LA MISERICORDIA MÁS QUE
LAS OFRENDAS. Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”.
Con esto, Jesús nos señala que para pertenecer a la familia de Dios, debemos
cambiar nuestra manera negativa de ser y de pensar. No prejuzgar ni marginar. Aprender de su justicia que no discrimina ni a ricos ni a publicanos, razas o
credos. Su plan misericordioso de salvación, incluye a toda la creación.
Mateo, escribió su evangelio para los hebreos de Palestina convertidos al
cristianismo. Vislumbra la meta de la Iglesia cuya misión era mostrar el desarrollo de su
catequesis; alternando hechos y dichos de su maestro y resaltando
primordialmente la sabiduría extrema del Mesías.
Jesús es el Sembrador y, como tal, siembra a futuro. Habrá semillas vanas, pero
también habrá frutos que cosechar cuando el grano acepte morir en la tierra.
Marcos, intérprete y discípulo de Pedro, escribió con exactitud todo lo que
recordaba de los dichos y hechos del Señor. Da testimonio de acontecimientos en los que Jesús manifestó claramente su
Divinidad a través de su comportamiento humano. Redactó su evangelio para los cristianos de origen pagano. Y aunque no pertenece al grupo de los Doce, si conoció y convivió con Jesús. Después de la Resurrección aprendió de Pedro, su maestro, todo el conocimiento y
la sabiduría que estampó en su predicación y posteriormente en sus escritos. A este respecto, Mc 2, 22 nos dice: “Nadie echa vino nuevo en envases de cuero
viejo, porque el vino haría reventar los envases echando a perder vino y
envases. A vino nuevo, envases nuevos. El vino nuevo es el Evangelio. La embriaguez que el Espíritu Santo inyecta en
los apóstoles y los lleva al frenesí, para dar a conocer el amor del Padre. Envases de cuero viejo: La buena nueva no encaja con las formas tradicionales de
devoción ni entra en aquellos que se aferran a ellas. Jesús escandaliza con sus innovaciones. Lo vemos acogiendo a los marginados y pecadores. Él no se presenta con rezos o ayunos como acostumbran los grupos religiosos. Condena estas formas decadentes de piedad. Y a las personas que aparentan ser lo que no son. El Evangelio es mucho más que una religión. Es un conjunto de prácticas y oración por medio de las cuales reconocemos que
Dios es dueño del universo y de nuestras vidas. Es un estilo de vida. Esta es la herencia que nos legaron las voces y rostros del Evangelio… la misión
de la comunidad reunida por Jesús, a su alrededor, de donde reciben la palabra
de Dios y son liberados de la esclavitud del demonio. Con sus dones proféticos, Jesús penetraba en las conciencias y mostraba a cada
uno donde estaba su verdadero problema. “De la boca de Dios sale el pan…y
también la palabra que necesitamos”.
Lucas, médico sirio, se convirtió a la fe cristiana cuando los primeros
misioneros salieron de las comunidades de Jerusalén y de Cesarea para llevar el
Evangelio más allá de las fronteras del país judío. Dejó su patria para acompañar al apóstol Pablo a Roma, donde conoció a Pedro y a
Marcos que predicaban entre los cristianos romanos. Cuando escribió su evangelio, se basó en otros escritos sobre los hechos y
milagros de Jesús. Lucas, no conoció personalmente a Jesús; pero durante sus viajes recogió muchos
relatos de los discípulos directos de Jesús y de María, su madre. No lo vio con los ojos de su cuerpo…pero lo conoció por medio de su espíritu y
los ojos de la fe. Lucas era de cultura griega y escribió para los griegos. Veía en el Evangelio la fuerza que reconcilia a los hombres con Dios y a los
seres humanos entre sí.
Juan, escribió su evangelio para la catequesis del Asia menor, comunidades
cristianas de Samaria y lo hizo también en griego. En el describe toda la acción que Jesús ejerció en su enseñanza, desde una
óptica más espiritual. Lo describe desde el Cristo glorioso y triunfante, Señor
de la historia. Su evangelio es diferente. Lo escribió junto con su comunidad y fue corrigiéndolo a lo largo de todo su
apostolado, a medida que iba profundizando su experiencia de Jesús. “Esto ha sido escrito para que crean que Jesús es el Hijo de Dios” Jn 20,31. El mensaje de Juan es tan claro que nos quema. Jesús es la Palabra Eterna de Dios. Dios nacido de Dios, afirma categóricamente. Siendo Jesús el Hijo Eterno de Dios hecho hombre, no vino solo para enseñarnos a
ser mejores sino para transformarnos. Jerusalén y el Templo han sido destruidos; pero Jesús está vivo e inaugura una
nueva era en el mundo. La revelación al pueblo judío y las grandes liturgias del Templo son cosas del
pasado. Cristo es la nueva alianza y se transfigura en la nueva liturgia de los
cristianos. Esta es la concepción y el misticismo del teólogo de la evangelización.
Este es el carisma del humilde pescador del Tiberíades. Por el Génesis conocemos al Dios verdadero, creador y padre nuestro…!Yahvé!.
En los evangelios encontramos la suprema Doctrina de la Salvación… ¡Jesús, el
Mesías! Y en los Hechos y Cartas de los apóstoles, se construye el Templo del Padre,
basado en la doctrina de su Hijo y multiplicado en el universo por el Espíritu
Santo.
Esta es nuestra fe… Don de Dios… y nadie va al Hijo si el Padre no lo ha atraído.