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El trabajo de los laicos dentro de la Iglesia.
A partir del Concilio Vaticano II

(Cf. Constitución dogmática sobre la Iglesia, capítulo IV)

Baltazar Moreno Baeza

El Concilio Vaticano II vino a ser un parteaguas dentro de la vida de la Iglesia católica en pleno siglo XX, en la década de los 70's. Convocado por el papa Juan XXIII, el Concilio recuperó la participación de los laicos en el trabajo pastoral en apoyo a la jerarquía eclesiástica y a la misión salvífica de la Iglesia de llevar el evangelio a todas las gentes y a todos los rincones de la tierra.

De izquierda a derecha: Sandra Galeano, actual coordinadora de comunidades, R. P. Ricardo Rodríguez, C. R., actual Rector de la Iglesia de Fátima, y Blanca Armenta, ministro extraordinaria de la comuniónPreguntarán por qué se recuperó esta participación... pues porque se había perdido a lo largo de muchos siglos, ya que este trabajo se hizo exclusivo de la jerarquía de la Iglesia. Pero tenemos que retomar las fuentes, como el mismo Concilio nos lo pide.

Leemos en la carta a los Filipenses 4, 2: “Ruego a Evodia y también a Síntique que trabajen juntas en el Señor. Y a ti Sícigo, verdadero compañero, te pido que las ayudes; no olvides que ellas lucharon conmigo por el evangelio, lo mismo que Clemente y los demás colaboradores míos...” y en Romanos 16, 3 leemos: “Saluda a Prisca y a Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús, que arriesgaron su vida por salvar la mía”.

Es así que decimos que se ha recuperado la presencia de los laicos en el trabajo pastoral. Pero, ¿quiénes son los laicos? El mismo Concilio nos lo define: “Por laicos se entiende todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado (sacerdotes y diáconos) y los que están en estado religioso (los frailes como los franciscanos, dominicos, agustinos y los Clérigos Regulares como los Teatinos, Jesuitas, Escolapios etc…).

Ahora bien, a los laicos corresponde buscar el reino de Dios a partir de los asuntos temporales, es decir, los asuntos de la vida familiar, de la vida laboral, de la vida social, de la vida política, etc. Así es en efecto, los laicos viven en la sociedad llena de actividades cotidianas, llena de problemas a resolver. Tienen oficios y profesiones dentro y fuera del hogar y es aquí, a partir de cada una de estas realidades, que el laico hace presente el reino de Dios; dejándose llevar por el espíritu del evangelio y santificando todas sus actividades mostrando así el rostro de Cristo Jesús, salvador nuestro, brillando como testimonio de vida de fe, esperanza y caridad.

Celebración Eucarística en el IFTIM, Instituto teológico en donde se preparan futuros sacerdotes religiososPor otra parte, por nuestro bautismo, también estamos llamados a ejercer el sacerdocio común de Cristo (sacerdocio bautismal); en otras palabras, también estamos llamados a ser instrumentos de salvación, llevando esa misma vida de fe. Es nuestro deber procurar el crecimiento de la Iglesia en los lugares y condiciones donde la misma Iglesia, por su trabajo parroquial, no alcanza a llegar.

Yo pienso que los padres conciliares tuvieron aquí mucha visión apostólica, ya que la Palabra de Dios no llega muchas veces a los lugares apartados de los centros urbanizados de la sociedad. Los sacerdotes no son suficientes para los miles y miles de personas que no han escuchado todavía el mensaje de salvación del Señor Jesús. Y de verdad que son muchos los lugares a donde todavía no llega este mensaje de salvación hasta el día de hoy. A este respecto dice el Concilio: “Abrase camino por doquier para que a la medida de sus fuerzas y de las necesidades de los tiempos participen también ellos (los laicos) celosamente en la misión salvadora de la Iglesia.” Esto se ha venido haciendo según las necesidades y posibilidades de cada región o país.

Lic. Jorge Monsalve, catequista de la Iglesia de Fátima, compartiendo su feHay otro grupo de laicos que trabajan afanosamente por el reino de Dios. Son los que se comprometen de una manera más directa y, además de llevar una vida familiar, laboral y social piden una instrucción particular y son capaces de desempeñar algunos oficios eclesiásticos como ministros extraordinarios de la eucaristía, catequistas, los que sirven en el altar cuando se celebra la eucaristía e incluso desde el papa Pablo VI hay quienes estando casados piden el diaconado permanente pasando ya a formar parte de la jerarquía de la Iglesia. Hay también visitadores de enfermos, consejeros matrimoniales, etc…

Ojalá que nosotros, como laicos, tomemos conciencia de la gran responsabilidad que tiene nuestro apostolado y redoblemos esfuerzos por llevar una vida llena de fe, de coherencia religiosa para poder dar testimonio del mensaje del evangelio llevado hasta los últimos rincones de la tierra.

 

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Última modificación: 27 de luglio de 2006