Adviento.
Tiempo de esperanza
Baltazar Moreno
Con la gracia de Dios comenzamos un año más dentro del ciclo
litúrgico de la Iglesia con el tiempo de Adviento. Este tiempo nos da pie para
algunos temas de reflexión como el arrepentimiento, la conversión, y, para
nuestro fin, vamos a reflexionar en esta ocasión sobre la esperanza.
En este nuevo año litúrgico dentro de nuestra Iglesia Católica, ¿qué esperamos
de nosotros mismos y de los demás? ¿A qué momento importante nos prepara este
tiempo de gracia?
Creo yo que todos sabemos que en este tiempo celebramos la esperanza de un
Salvador, de un Mesías, de Jesús, el Hijo de Dios...
Dice hermosamente un canto litúrgico, propio de este tiempo haciendo alusión a
María que es la reina de la esperanza: “Santa María de la esperanza, mantén el
ritmo de nuestra espera... nos diste al esperado de los tiempos, mil veces
prometido a los profetas...” Y así es. Jesús, el Salvador, está prefigurado
desde el Antiguo Testamento en la obra de los profetas: concretamente Isaías,
Jeremías y Miqueas. En estos profetas podemos observar la manera cómo el pueblo
de Dios esperaba un Mesías, un salvador que viniera a restaurar la alianza entre
Dios y su pueblo escogido.
Isaías
“El Señor mismo va a darles una señal: he aquí que una doncella está encinta y
va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel...” (Is 7,14).
Jeremías
“Yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las
haré tornar a sus estancias, crecerán y se multiplicarán. Mirad que días vienen
-oráculo de Yahvéh- en que suscitaré a David un germen justo; reinará un rey
prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra... ” (Jer 23,3.5)
Miqueas
“Aquel día -oráculo de Yahvéh- yo recogeré a la oveja coja, reuniré a la
perseguida... mas tú, Belén de Efrata, aunque eres la menor entre las familias
de Judá, de ti ha de salir aquél que ha de dominar en Israel. Por eso él los
abandonará hasta el tiempo en que de a luz la que ha de dar a luz...” (Miq
4,6;5,1)
Estos textos son suficientes para darnos cuenta que María nos da al esperado de
todos los tiempos, Jesús: el Hijo de Dios hecho hombre. Y ¿por qué era tan
esperado este Mesías entre el pueblo de Israel?
En tiempo de los profetas había guerras entre los mismos israelitas y
frecuentemente había guerras con otros pueblos. Pero lo más desastroso era
cuando el mismo pueblo le era infiel a su Dios que lo sacó de Egipto. De todas
estas guerras e infidelidades quedaba un reducido grupo de fieles a la alianza
con Yahvéh y por esto se le llamaba el “resto de Israel”.
El “resto de Israel” tenía hambre de justicia y de paz; a ellos va dirigida
principalmente esta promesa del Mesías y, por tanto, destinatarios de la
esperanza de la salvación.
Así permaneció el resto de Israel en esta esperanza llena de fe hasta que por
fin llegó el momento preciso en que María nos traería al Salvador.
Ciertamente que muchos otros grupos de israelitas esperaban también al Mesías,
pues todos escucharon el mensaje de los profetas. Pero no todos lo esperaban
igual: unos lo esperaban como un líder revolucionario que cambiaría por medio de
la fuerza y las armas las estructuras político-sociales y religiosas de su
época. Otros creían que iba a venir un rey que recuperaría los privilegios y
comodidades de las épocas de opulencia del pueblo.
Ya en tiempo de Jesús, incluso, muchos pensaban que el Mesías los libraría del
yugo de los romanos. Finalmente, el grupo de los pobres, los humildes, los
enfermos, los desvalidos, las viudas y los huérfanos eran quienes, llenos de
esperanza, querían un cambio de su situación de miseria y de dolor. Este era el
resto de Israel en tiempos de Jesús.
Y nosotros, ¿a qué grupo pertenecemos? ¿Qué esperamos o a quién esperamos en
este tiempo de adviento? ¿Será que simplemente nos preparamos para hacer grandes
fiestas en diciembre o nos preparamos ahorrando dinero para “salir de
vacaciones” o nos preparamos para hacer grandes gastos y así darle culto al dios
que se llama “consumismo”?
Bien valdría la pena que cada uno de nosotros nos sentemos un buen rato,
personalmente, en pareja o en familia a reflexionar qué estamos esperando o cómo
nos estamos preparando para recibir a este Mesías tan esperado por el pueblo de
Dios.
Ojalá no seamos de los grupos que esperan al Mesías para beneficio de sus
propios intereses, sino de los que con un corazón limpio y humilde, llenos de fe
quieren realmente un cambio de vida justa y feliz. De los que buscamos ser
mejores cristianos, mejores padres de familia, mejores hermanos y hermanas,
mejores hijos, mejores esposos y todos unidos en un solo corazón, a semejanza de
aquel “resto de Israel”, digamos llenos de fe y de esperanza ¡Ven Señor,
maranathá, Ven Señor Jesús! ¡Se parte de nuestra vida y de nuestra historia!