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Preparando la Navidad
“…
conviene que su voluntad se cumpla y no la mía. Ella exige (María), bien lo sé,
que los ministros de su dulce Jesús, que ahora contemplamos hecho niño y
envuelto en pañales, sean humildes a ejemplo suyo”. Esto escribía
san Cayetano en su 2ª carta a sor Laura Mignani, en
enero de 1518 desde Roma. ¡Qué maravilla, queridos lectores! Ahora que nos
volvemos a encontrar, hemos querido iniciar con estas palabras escritas por
san Cayetano, fundador de la Clericatura Regular,
porque intentamos fortalecer nuestro espíritu por medio de la meditación y
reflexión del nacimiento de Jesús, el Señor. También por medio de la preparación
de este acontecimiento que conmemoramos año tras año y que en la liturgia le
llamamos Adviento. Sí, un tiempo de espera, pero con movimiento, un tiempo de
preparación que cada cristiano tiene para acoger en la vida al Niño Jesús por
medio de actitudes claras y coherentes a su profesión de fe, que contagien de
esperanza a la humanidad y se traduzcan en obras. Un tiempo de esperanza y de
purificación de nuestras vidas para vivir con sencillez y humildad nuestra
entrega generosa al Padre a ejemplo de María, madre de
Jesús.
San Cayetano contempló el misterio de la encarnación con amor y
paciencia. Le valió en su vida ascética y mística recibir en contemplación en
sus brazos de parte de María, al niño Jesús. Él quiso
acoger en su vida con humildad y esperanza activa a Jesús, por eso vivió en
constante reforma interior y en constante entrega. La espiritualidad teatina
desde el nacimiento de Jesús, desde el misterio de la encarnación es el tema de
este número que esperamos sea de su agrado y para su provecho espiritual, y
además, para buscar la unidad en las comunidades, y por ende, en la Iglesia.
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