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“Teatinos”
Compromiso
en Libertad

Lic. Jorge G. Monsalve M.

—¡Póquer de Teatinos!— Dije en voz alta, mientras pensaba en mi artículo para la revista.

—¿Qué es eso, maestro?— Preguntaron mis alumnos de catequesis, ante mi expresión poco ortodoxa y fuera de tema.

—¿Póquer?— Respondí. —Es un juego de baraja, donde el jugador que tiene cuatro cartas de la misma figura o número, les gana a los demás.

No, maestro, —dijo otro— "Teatinos". ¿Qué es Teatinos?

—Teatinos viene de la palabra latina Theates, y era el nombre de una antigua ciudad situada en la región montañosa de los Abruzos, al centro de Italia, a la que posteriormente llamaron en italiano Chieti... y de ahí se deriva el nombre o apodo que le dio el pueblo a la institución de Clérigos Regulares fundada por san Cayetano el 14 de Septiembre de 1524.

—¿Clérigos Regulares?— Peguntaron extrañados...

—Sí, clérigos... sacerdotes que organizan su vida en común bajo una regla o canon. Como el padre Ricardo, el padre Salvador, etc.

—¡Platíquenos de eso, maestro!— Pidieron entusiasmados.

—De acuerdo— les dije. —Guarden silencio y pongan atención.

«Cayetano de Thiene, apóstol y adalid de la reforma católica, nace de familia aristócrata y rica en Vicencia, parte de la República de Venecia, hoy Italia, en octubre de 1480... fueron sus padres el conde Don Gaspar de Thiene y la condesa Doña María de Porto.
Estudió en la universidad de Padua, donde se gradúa de doctor en derecho civil y canónico.

«Regresa a su natal Vicencia y se retira a Rampazzo —casa de descanso de la familia— allí, en soledad y oración, prepara su mente y su cuerpo para tener el vuelo a la capital del mundo católico.

«Y en Roma, en la ciudad de los Pontífices, ante el triste espectáculo que ofrecía la miseria humana de los medios eclesiásticos prostituidos, y los excesos de inmoralidad a que el pueblo se entregaba por la falta de instrucción religiosa... embebido en las teorías del renacimiento paganizante, su corazón se estremeció de pena.

«Desde adentro de la curia descubre, palpa y analiza el cáncer que carcome las entrañas de la iglesia.

«Triste y preocupado, empieza concienzudamente, inspirado por el Espíritu Divino, a buscar el remedio eficaz para atacar desde la raíz, la terrible enfermedad.

«Entre sus originales proyectos de visión personal e inédita, Cayetano de Thiene acariciaba una nueva modalidad de vida religiosa como medio de restauración y renovación del espíritu eclesiástico.

«Para extirpar el carcoma se necesitaba de sacerdotes buenos y reformados, dedicados al ejercicio del Culto Divino y al apostolado de las almas. Un instituto de Clérigos Regulares, que siendo dechados de virtudes sacerdotales, predicaran con el ejemplo el menosprecio del mundo y enseñaran a buscar ante todas las cosas, el Reino de Dios.

« “Si Dios me concede la gracia de poner ante los ojos del clero secular una familia claustral de Clérigos Religiosos, espero que su inocencia, su pobreza, su modestia, su sencillez y santidad de vida... hagan el vicio odioso y mueva a los demás a la práctica de la virtud”.

«Cuando Cayetano regresó de Vicencia a Roma, traía su plan de reforma perfectamente madurado.

«Tan fue así, que de inmediato expuso su proyecto a Bonifacio de Colli, su gran amigo y compañero; quien no sólo acepto colaborar personalmente con él, sino que ofreció su casa para sede del instituto en ciernes.
En sus bases tenemos ya a los dos primeros pilares... ahora conozcamos a los otros dos: Juan Pedro Carafa, obispo de la ciudad de Chieti —la antigua Theates— de donde viene su nombre “Episcopus Theatinus”... al enterarse del proyecto que traía entre manos su gran amigo Cayetano; da fin a las características de la orden próxima a fundarse... y teniendo él en mente anhelos y propósitos semejantes, corrió hasta donde estaba el santo sacerdote y le pidió que lo admitiera a cooperar en la fundación del nuevo instituto y que lo aceptara como el último de sus compañeros.

«Cayetano le escuchó asombrado y complacido, pero luego le hizo ver los inconvenientes que existían para aceptarlo.

«El primero y de más peso, era su obispado. Como Obispo se debía a su diócesis, a su grey, sobre todo a la gran carga de trabajo que implicaba tal rango.

«Una larga discusión se entabló entre los dos amigos. Uno exponía los contras y el otro los echaba por tierra con sus pros.

«De pronto, el obispo, postrándose a los pies del sacerdote, exclamó en tono patético: “Si hacéis el sordo a mis razones y mantenéis la negativa, vos responderéis de mí ante el Tribunal de Dios”.

«Conmovido ante tanta humildad, San Cayetano se hincó de rodillas, y abrazándose al prelado, le dijo: Monseñor, tened por cierto que no me apartaré de vos.

«Estas frases que suenan a ritual, unieron para siempre a los dos pilares de la reforma ortodoxa y cofundadores egregios de los Clérigos Regulares.

«Pero el obispo Teatino no venía solo, aportaba a la causa al cuarto pilar, Pablo Consiglieri, compañero y amigo íntimo y el nombre con que el pueblo los bautizaría para siempre: ¡Teatinos!

«De esta forma se basaron los cuatro pilares que sostuvieron y seguirían sosteniendo con su espíritu y ejemplo, la Selección Teatina.

«Cayetano de Thiene, Bonifacio de Colli, Juan Pedro Carafa y Pablo Consiglieri.

«¡Póquer de Ases Teatinos! ¡Puntos cardinales de nuestra religión!

«Ése fue el nacimiento de los Clérigos Regulares, ésta es su historia.

«Pero su historia no es los más importante. Lo más relevante es su carisma, su espíritu,

«¡Su compromiso!

—¿Cuál era su compromiso maestro?— Preguntaron

—Es— enfaticé —el Evangelio, las enseñanzas de Cristo. Abran su Biblia y busquen estas citas: Mateo 16, 24; Marcos 8, 34 y Lucas 9, 23

Todos abrieron su Biblia y revisaron las citas…

—Las tres citan lo mismo, maestro— dijeron…

—Así es— contesté. —Por ser tan importante, los tres evangelistas citan la hermosa invitación que Cristo nos hace:
“EL QUE QUIERA SEGUIRME, QUE RENUNCIE A SÍ MISMO, TOME SU CRUZ Y ME SIGA”

—¿Y qué quiere decir eso, maestro?— Preguntaron…

—¡Jesús nos pide que lo sigamos libremente! Respetando nuestro libre albedrío, sin órdenes ni presiones, en total libertad para ejercer nuestro derecho. Nos pide que rompamos nuestras ataduras, que nos deshagamos de todo cuanto nos esclaviza, que tomemos la decisión de adquirir libremente nuestro compromiso, nuestra misión y la llevemos a feliz término.

«¡Ésa es la cruz! ¡He ahí el compromiso!

«Jesús, con sus palabras, nos dice: ¡Analízalo, sopésalo! ¡Tómalo o déjalo! ¡Ésa es tu libertad!

«Nadie te obliga, puedes decidir lo que tú quieras. Tienes la libertad y el tiempo para hacerlo. Pero si decides aceptar ese compromiso, empeña tu libertad contra viento y marea para llevarlo a cabo... Sortea todo los obstáculos con amor, fe y oración en comunión espiritual.

«Si eliges en libertad, el camino se allanará para que lleves tus compromisos libremente a la meta. Si no es de ese modo, ¡déjalo! No te comprometas, ni comprometas a nadie.

«Exigir a otros que cumplan su compromiso es sumamente sencillo; pero hay que predicar con el ejemplo. No puede reformar a los demás quien no se ha reformado a sí mismo.

«Cumplir en libertad para exigir en libertad el derecho que nos da el cumplimiento.

«Ser Teatino es un compromiso. Es ser evangelista. Y ser evangelista es convertirte en proclamador y ejecutante de la Palabra de Dios.

«¡Es decir y hacer! Es ser san Cayetano, san Andrés Avelino, san José Mª Tomasi, Madre Úrsula Benicasa, etc.

«Es seguir paso a paso el camino de Jesús. Ser congruentes con lo que decimos y hacemos para ser fieles al compromiso que hemos adquirido en libertad. ¡Ser Teatinos!

«Ejemplos a seguir tenemos muchos, pero el mejor ejemplo eres tú…»

Tú sacerdote. Tú laico, juntos en pro del evangelio. Cada quien cumpliendo su función, su tarea, pero conformando un equipo de amor y amistad, de congruencia y servicio, de misericordia y caridad ¡haciendo camino juntos!

Que esa cruz que Cristo arrastró por las empedradas calles de la cuidad hasta el Calvario —razón de su martirio y altar de sacrificio— sirva de podio para proclamar su inmaculada resurrección y consagrar en el pan y el vino, su palpitante vida.

Que Su Espíritu, como bandada de palomas cruce el infinito y se pose en todos y cada uno de los que habitamos el universo, para consolidar por medio del amor y el libre albedrío, nuestra salvación.

¡Libres y salvos! ¡Levantar el vuelo con nuestra cruz!, con nuestro compromiso, para vivir en común y del común con una espiritualidad eminentemente activa, sacerdotal, basada en las fuentes vivas del evangelio.
Vivir en común y del común dentro de los Sagrados Cánones y el ejemplo de la iglesia primitiva, no simplemente bajo una regla determinada.

¡Vivir sin tacha!, al tenor de las circunstancias o un paso adelante, superando las necesidades, moldeando el camino según el paso…

No es la regla la que hace al Teatino, el Teatino hace la regla con su compromiso en libertad: “JESÚS ES MI CONCIENCIA Y, LA CRUZ, MI CONSECUENCIA”.

 

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Última modificación: 27 de luglio de 2006