Memoria del común de las comunidades religiosas,
de la distinción del
quehacer teatino
Lic. Mariana Méndez Gallardo
México, al igual que muchos otros países de Centro y Suramérica, es un mundo
de contrastes: rico en recursos naturales, pero clamando por los valores del
Reino de Dios; sumido en cultura y diversidad, pero ansiando alcanzar
situaciones de más justicia igualdad, solidaridad y paz.
Las estructuras de víctima/victimario, en vez de borrarse en una humanización
integradora, escinde la brecha entre las diferencias, entre las desigualdades
entre ricos y pobres, infiltrando en los procesos de las vidas de las personas
el discurso de nuevos pobres, nuevas formas de marginación que en otras épocas
eran impensables.
Ante este panorama desencarnado, los procesos de la Vida Religiosa deberán
orientar la realización del hombre con el mundo, del hombre con los otros y del
hombre con el Dios que da vida. México necesita de comunidades religiosas que
velen por estas necesidades humanas, necesidades comunitarias que no pueden ser
solucionadas por la mera experiencia del Dios institucionalizado, externo y
ajeno a estas realidades, sino de un Dios que, encarnado, asume la condición y
la experiencia del contexto que clama la presencia del Padre Providente.
Así, las comunidades religiosas en nuestra actualidad, se enfrentan al
compromiso de encarnarse, de asumir la condición de hombres y mujeres nuevos, de
renovarse desde el interior mismo de la vivencia religiosa, sobrepasando el
tiempo de la institucionalidad que ha caducado y que ya no da respuesta a este
clamor humano.
Las comunidades religiosas latinoamericanas están reflexionando sobre su vida en
el contexto de la sociedad contemporánea, y están planificando su renovación a
base de esta reflexión. Actualmente, esta reflexión ha centrado la atención en
la opción por el pobre y por la mujer y lo femenino, en la opción por los
jóvenes y en la nueva ecclesia.
Y es, precisamente en este contexto de comunidad religiosa, donde las “teatinas”
encarnan su ser de Iglesia. Donde, en su condición de mujeres, asumen, en el
contexto mexicano y latinoamericano, los compromisos concretos que deberían ser
guía y motivo de cualquier entusiasmo de comunidad religiosa.
Las comunidades, particularmente las comunidades religiosas mediante este
proceso de renovación, se hacen preguntas más profundas respecto a su identidad,
su carisma y su espiritualidad ante las realidades duras que se encuentran a
diario en esta sociedad, sociedad que en los albores de los 70 dieron lugar al
arribo de las Religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción en México.
Desde el 10 de mayo de 1969, cuando llegaron Sor María del Rosario Casarrubios
Peláez, delegada de la Madre General, y Sor Purificación Faure Pérez, maestra de
novicias a hacerse cargo de un grupo de jóvenes que deseaban pertenecer a la
Congregación Teatina, esta comunidad abrió los brazos a la realidad mexicana que
se vivía y que en gran medida se sigue viviendo hoy en día.
En aquella época, el Padre Antonio March, C. R. quería fundar una congregación
que se llamara “Misioneras Auxiliares Teatinas”, ¿por qué habrían de llamarse
“auxiliares” sino porque se necesita la presencia Teatina para dar paso a los
valores del Reino?
Para realizar su proyecto, el Padre Antonio había logrado reunir a un grupo de
diez jóvenes mujeres con la ayuda del Pbro. Leonardo Celio de la Parroquia de
Nuestra Señora de Guadalupe, de la Comunidad de Los Rodríguez, San Miguel
Allende, Guanajuato.
Este grupo de jóvenes se congregó en Lindavista, Cuzco 752, bajo la dirección
del Padre Antonio por espacio de tres años. Sin embargo, por insistencia de las
familias de dichas jóvenes que querían llevárselas de regreso a sus hogares
porque no profesaban, el Padre Antonio, decidió, a instancias del P. Jaime
Prohens, en ese tiempo Provincial de los Teatinos residente en USA, pedir a la
Madre general de las Teatinas, Madre Micaela Montserrat, que la congregación se
hiciera cargo del grupo y las formaran como Teatinas, desistiendo así de su
intento de fundar una congregación nueva.
Las primeras Religiosas Teatinas Mexicanas, profesaron el 19 de octubre de 1970
en el Templo de San Cayetano. Desde entonces, han encontrado su lugar en la
Iglesia y viven entregadas a la oración y el trabajo, colaborando con los PP.
Teatinos y con los párrocos de los lugares en donde se establece una Comunidad
Religiosa, en la pastoral parroquial en general. Sucesivos grupos han ido
profesando, y en la actualidad, hay en la Provincia Americana, “Nuestra Señora
de Guadalupe” (nombre oficial desde el 16 de abril de 1984), cuarenta
religiosas: tres españolas, dos puertorriqueñas y treinta y cinco mexicanas.
Asimismo, se preparan en el noviciado dos jóvenes que quieren profesar dentro
del carisma y espiritualidad de Madre Úrsula, fundadora de esta comunidad
religiosa femenina.
La primera casa, Cuzco 752, Colonia Lindavista, D. F., es la sede de la
Provincia. Además de ésta, hay seis comunidades más que se han ido constituyendo
con el paso de los años: una en la Colonia Roma, Distrito Federal, dos en Puerto Rico, una
en Miami, una en Celaya, Guanajuto, y, la última en formarse, se halla en Santiago Acutzilapan, municipio de Atlacomulco, Estado de México.
En cada una de estas comunidades, las religiosas teatinas tratan de hacer
realidad la norma de vida de Madre Úrsula Benincasa, que, asumiendo la
concreción de su tiempo, quería que sus hijas vivieran ALEGRES, DANDO UN SERVICIO
GOZOSO A LA IGLESIA, Y QUE ÉSTE FUERA SÓLO POR AMOR, amor que sólo es real en
la necesidad que la Iglesia, en tanto ecclesia, en tanto que asamblea
comunitaria aclama en su tiempo.
En tres comunidades, Colonia Roma, D. F., San Juan Puerto Rico y en la de
Celaya, Gto., la labor consiste en atender a jóvenes universitarias que emigran
de sus lugares de origen en busca de centros de estudios superiores y se
hospedan en las Residencias Teatinas destinadas para ese fin, donde son acogidas
en un ambiente familiar, y se les brinda, además, la oportunidad de seguirse
formando humana y cristianamente.
Otras tres comunidades se dedican a la enseñanza y educación de niños desde edad
preescolar hasta que terminan su educación primaria, así como a la labor
pastoral parroquial con línea directa en la Evangelización y Catequesis en todos
los niveles. Una es la de Mayagüez, Puerto Rico, la segunda se halla en Miami,
Florida (Estados Unidos), y la otra, una escuela parroquial en Santiago Acutzilapan, Edo.
de
México. Por último, está la Comunidad de la Casa Provincial y Noviciado, donde
la labor consiste precisamente en formarse, tanto para ser Religiosa Teatina,
como para el campo profesional. Además colaboran en la coordinación de la
Catequesis parroquial, la administración y parte de la liturgia.
De esta manera, la Religiosa Teatina hace su aportación a la Iglesia, buscando
como Comunidad Religiosa, testimoniar el Amor de Dios, gratuito, misericordioso,
redentor y quiere mostrar al mundo los frutos de ese amor, los frutos del
Espíritu Santo: caridad, alegría, paz, comprensión, gozo… (Gál 5,
22 y ss), en
“la búsqueda y anuncio apasionados del Reino de Dios”.
Concientes de la herencia recibida en el Carisma Teatino y aceptando la
invitación que el Congreso Internacional de Vida Consagrada hace a toda la Vida
religiosa, quieren “devolver a la Vida Consagrada todo su encanto y decir no a
la frustración, la monotonía, la desilusión… a inventar, innovar y avanzar
despojadas” de las cargas inútiles y revestidas del Evangelio, sintiendo y
actuando el amor.