Saludo y consagración a María Inmaculada
Tu Concepción, oh, Virgen Madre de Dios,
regocijó al mundo entero
pues de ti nació el Sol de Justicia,
Cristo nuestro Dios,
el cual, desterrando la maldición,
nos concedió la bendición
y, venciendo a la muerte,
nos dio la vida sempiterna.
℣ En tu Concepción
fuiste Inmaculada, o Virgen María.
℟ Ruega por
nosotros al eterno Padre,
cuyo Hijo Jesucristo,
concebido por obra del Espíritu Santo, diste a luz.
℣ Oremos. Oh Dios
de misericorda, Dios de piedad, Dios de clemencia, que te compadeciste de tu
Pueblo y dijiste: Detén tu mano, al ángel que le hería; por el amor de
aquella Madre cuyos preciosos pechos tan dulcemente alimentaron a tu Hijo, el
Verbo hecho carne, concédenos el auxilio de tu gracia para vernos, con
seguridad, libres de todo peligro de perdición. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟ Amén.

Acto de consagración a María Inmaculada
Santísima Virgen María,
Inmaculada Madre de Dios
y poderosa abogada de los pecadores,
en presencia de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
de toda la Corte celestial,
de tu castísimo esposo, el patriarca san José
y del glorioso san Cayetano,
a quienes elijo por especiales abogados míos
en mis necesidades espirituales y temporales,
arrepentido de todos mis pecados,
a ti recurro
y ofrezco el homenaje de mis alabanzas y de mi amor.
Para honor y gloria tuya
y de tu dulcísimo Hijo Jesús,
me consagro y dedico todo a ti,
como fidelísimo siervo tuyo,
y te ofrezco mi corazón
para que siempre se vea libre de todo afecto desordenado
a las cosas de este mundo.
Llevado por un ardiente deseo de vivir y morir
bajo el manto azul de tu Inmaculada Concepción,
ya desde ahora,
con toda el alma te digo:
Santa María, Madre de Dios,
ruega por mí, pecador, ahora y en la hora de mi muerte.
Para que pueda un día cantar en los cielos,
con san José y san Cayetano:
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.