Breve
historia de la construcción y reconstrucción de la Iglesia de Nuestra Señora de
Fátima, en la Colonia Roma
Jr. Carlos Gómez Ruiz, C. R.
La construcción
La historia de la Iglesia de nuestra Señora de Fátima puede comprenderse
mejor si se ven dos períodos marcados por dos acontecimientos importantes: la
llegada de los Padres Teatinos a México, primero, y el que va de su daño en 1985
y su reconstrucción hasta la fecha.
a) Antecedentes
La construcción de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima tiene como
antecedente más remoto la llegada a México de los primeros padres de la Orden de
Clérigos Regulares, mejor conocida como “Orden teatina” en honor a su obispo
cofundador, el venerable Juan Pedro Carafa, Papa Paulo IV, de feliz memoria.
En 1946, mediante acuerdo previo con el excelentísimo señor Arzobispo de México,
Monseñor Luis María Martínez, Primado de México, llega el reverendo padre
Antonio Sagrera, Clérigo Regular, al Distrito Federal con la consigna de fundar
una primera casa teatina en la República mexicana. Han transcurrido ya 423 años
de la fundación del Instituto por san Cayetano de Thiene (en 1523).
b) El primer constructor
Fue así como el 24 de junio de 1950 llega a la Ciudad de México el reverendo
padre Juan Fullana, Clérigo Regular, a quien de inmediato se le confió la
construcción de una Iglesia, “en un terreno donde se hallaba una vieja casa en
la calle de Chiapas, número 107, de la Colonia Roma”.
La Colonia Roma, por su parte, contaba ya con 48 años de haber sido fundada, en
la época del presidente Porfirio Díaz, con un estilo arquitectónico muy
particular, y como una de las primeras y pocas zonas planificadas en el plan
urbano de la Ciudad.
Ese mismo año, el 9 de octubre, el Vicario General de la misma Arquidiócesis
comunica al reverendo padre Sagrera, Clérigo Regular, que había sido otorgada la
licencia para la construcción y también para el uso de un “altar portátil”,
comenzando así la celebración del culto divino en aquel solar de la Roma,
levantando también una edificación con el carácter de “provisional”.
La obra de la Orden en México comenzó a difundirse hasta el año de 1957, cuando
el 1 de enero se publicó el primer número de la revista La voz de la
Providencia, con el objeto precisamente de “extender por todo México la devoción
a San Cayetano y divulgar el espíritu de la Orden que él fundó”. En sus páginas
se conserva el testimonio gráfico de las sucesivas etapas constructivas de la
iglesia.
Sin embargo, apenas el día 10 de enero la Colonia Roma y toda la Ciudad de
México se estremecen por “una terrible noticia: el Padre Juanito había sido
asesinado”. El reverendo padre Juan Fullana, Clérigo Regular, había puesto la
sacristía en un cuarto de la vieja casa y, para cuidar mejor las obras de
construcción, próxima a ellas arreglado su dormitorio.
Son tiempos difíciles para las relaciones entre la Iglesia y el Estado, se tiene
todavía fresco el recuerdo de los cristeros y la Iglesia vive y celebra su culto
en un clima de disimulo por parte de las autoridades. Por eso, emocionan las
notas sobre el sepelio del amado teatino, al que acudieron miles de personas.
“Lo que para la multitud fue una demostración de intenso dolor, para el Padre
Juanito fue una apoteosis”. El cronista de la tragedia termina su relato
invitando a que “levantemos sobre ella, la tierra donde cayó su sangre, el
Santuario a Nuestra Señora de Fátima, cuyo amor le costó tantos sufrimientos y,
finalmente, la vida”.
c) El continuador y los bienhechores
Apenas tres meses después, el 17 de marzo de 1957, en el “santuario
provisional”, el reverendo padre José María Moll, Clérigo Regular, celebró sus
Bodas de Plata sacerdotales. A él le correspondió llevar adelante la
construcción de la iglesia.
Y, como siempre la sangre de los mártires es semilla de cristianos, a raíz de la
muerte del “Padre Juanito”, cundió el entusiasmo y la devoción por nuestra
Señora en su advocación de Fátima. Entre sus devotos destacó “El Charro” Avitia,
conocido en el medio artístico como “La voz de oro de México”, quien cantaba
para recaudar fondos para el nuevo santuario.
Ya para el 30 de junio de ese 1957, a instancias del mismo “Charro” Avitia se
celebró el Festival de Fátima en las instalaciones del entonces Cine Estadio. En
dicho festival actuaron generosamente artistas de la talla de María Conesa, Ana
Bertha Lepe, Tete Cuevas, Leticia Roo, María Enriqueta, Viruta y Capulina,
Enrique Alonso, Vicente Garrido, los Hermanos Zaizar, Juan Arvizu, los hermanos
Michel, Hermino Kenny, el maestro Ernesto Belloc y el mismo “Charro” Avitia.
d) Las obras
Ante semejante respuesta, en la planeación de la construcción se decide convocar
a un concurso de proyectos arquitectónicos.
Fue así que, el 13 de mayo de 1958, en el aniversario de la primera aparición de
nuestra Señora en Cova de Ira, el entonces Prepósito General de la Orden de los
Clérigos Regulares, muy reverendo padre Antonio March, Clérigo Regular, bendijo
y colocó la “Primera piedra” de lo que sería el “nuevo” santuario, según el
proyecto ganador: el del señor arquitecto Don Nicolás Mariscal.
Seis días después, el 19 de mayo, dieron principio las obras. Para el mes de
julio, “a pesar de la molestas lluvias que siguen entorpeciendo las labores”, se
terminó la cimentación. Trabajaron en la obra 15 obreros a 2,000 pesos (total)
por semana.
Para dar cuenta del estado de la obra se publica un Boletín semanal.
Para noviembre la cruz monumental de la fachada alcanza 20 metros de altura, 15
menos para “llegar a la cifra proyectada”.
Entonces, para octubre de 1960, “acabada la mitad de lo que va a ser el
Santuario”, se anunció la reanudación de las obras, al resultar “insuficiente
para las necesidades de los fieles” la parte ya en uso.
En la fachada se colocó un “majestuoso vitral representando la coronación y
glorificación de la Virgen Santísima” y la imagen de nuestra Señora
“acertadamente restaurada hace pocos meses” presidía la nave, ya estrenada y en
servicio.
En marzo de 1961 “se empieza a colocar las varillas que servirán de alma a las
columnas” y se procedió al “armado de las trabes de la segunda parte del
Santuario”.
e) La conclusión de las obras
En la década que va entre 1962 y 1972, la actividad litúrgico-pastoral de los
Padres Teatinos en la iglesia de nuestra Señora de Fátima se desarrolló
normalmente.
En este periodo se concluyeron las obras de construcción y se recubrieron con
madera los muros interiores.
Fue también en este lapso cuando se erigió canónicamente la Casa religiosa, que
hasta entonces había sido sólo una residencia teatina, por lo que a partir de
ese momento contó al menos con la presencia de tres religiosos de votos
solemnes.
Por su formidable ubicación en el centro de la Ciudad de México, el 16 de
septiembre de 1984, la Casa religiosa fue constituida también en sede de la
formación de los hermanos júniores de la Provincia de los Padres Teatinos en
México.
La Reconstrucción
a) Antecedentes
A las 7:19 de la mañana del jueves 19 de septiembre de 1985 la Ciudad de México
se vio sacudida por un violento terremoto de 7.5° Richter. Una de las Colonia
más dañadas de la Capital es precisamente la Colonia Roma. Miles de personas,
literalmente, murieron bajo los escombros de las construcciones que cedieron
ante las sacudidas. Cayeron edificios de departamentos, unidades habitacionales,
escuelas, comercios… La Comunidad teatina, como muchas personas, es obligada a
desalojar sus instalaciones y se insiste en la necesidad de demoler una y otra
construcción.
El viernes 20 los daños sufridos por el templo luego de una primera evaluación
fueron declarados sumamente graves, y se decretó su inmediata demolición. Al
anochecer, una réplica del sismo vuelve a estremecer la Ciudad, quedando perdido
para siempre el enorme y artístico vitral de 120 metros cuadrados que adornaba
la fachada de la iglesia. Las personas que moraban alrededor del templo fueron
desalojadas de sus hogares como medida preventiva.
A lo largo de ese mes de septiembre, tras varias visitas de autoridades
gubernamentales a la iglesia, con poca pericia técnica tras haberse visto
desbordadas por la catástrofe de toda la Ciudad, volvieron a dictaminar que el
templo debía ser demolido.
b) Los donativos y las obras de reconstrucción
Pero el 16 de octubre los Padres Teatinos no se dan por vencidos ante los
dictámenes oficiales y, ante la eventualidad de una posible pero costosísima
labor de recuperación del inmueble sagrado, solicitan la ayuda de Adveniat a
Alemania al tiempo que encomiendan al reverendo padre José Luis Gordo, Clérigo
Regular, estas obras.
Con ese apoyo económico de respaldo, el señor arquitecto José Creixell presentó
el 5 de mayo de 1986 el dictamen autorizado sobre los daños y desperfectos
sufridos por el temblor y el dictamen sobre las reparaciones propuestas.
El 7 de agosto de ese año, en la solemnidad de san Cayetano, dieron comienzo las
obras de restauración del templo, mediante las propuestas de reparación, los
procedimientos constructivos y las modificaciones del señor arquitecto
José Hanhausen Albert aprobadas por el gobierno.
En las obras trabajaron un equipo de 21 albañiles, 5 herreros, 9 pintores, 2
carpinteros, 2 electricistas y 5 colocadores de mármol.
Fue hasta el 15 de febrero de 1988 cuando el mismo arquitecto presentó a la
Dirección General de Sitios y Monumentos de Patrimonio Artístico, de la entonces
Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, un informe completo sobre la
restauración del templo. En ese momento se habían gastado un total de $
211´514,720 pesos (de los cuales $ 123´446,564 fueron aportados por los fieles,
$ 15´009,046 por teatinos, claretianos y jesuitas, $ 49´059,110 por Adveniat y $
24´000,000 de parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano).
En abril el Prepósito de la Comunidad, reverendo padre Alonso Álvarez Turiel,
Clérigo Regular, fijó para el domingo 5 de junio, solemnidad del Cuerpo y la
Sangre de Cristo, la fecha para una solemne Dedicación de la iglesia
reconstruida mediante los ritos litúrgicos que fueron presididos por el
eminentísimo señor Ernesto Cardenal Corripio Ahumada, Arzobispo de México,
siendo Prepósito Provincial el muy reverendo padre, Argimiro Sandín, Clérigo
Regular.