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Historia Teatina

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Cayetano de Thiene nació en Vicenza en 1480. Sus padres fueron: Gaspar de Thiene y María Porto.

Estudió en Padua, obteniendo el doctorado en derecho civil y canónico el 17 de julio de 1504 y, con el título de jurisconsulto, su nombre aparece junto con el de su hermano mayor, Bautista, en el epígrafe que recuerda que el 10 de julio de 1505 edificaron la iglesia de Sta. María Magdalena en Rampazzo.

En 1508 está en Roma como redactor de Cartas Apostólicas, con el título de Protonotario, en la corte de Julio II, quien le concedió los beneficios parroquiales de Sta. María de Malo, el 16 de octubre de 1508, y de Sta. María de Bresanvido, el 20 de noviembre del mismo año.

Se sabe que se valió de su posición, cerca del Papa, para intervenir en la pacificación entre Venecia y el Papa, después de la derrota de Agnadello (14 de mayo de 1509).
En 1516 entra a formar parte del Oratorio del Amor Divino; cofradía que, en la iglesia transtiberina de S. Silvestre y Sta. Dorotea, se dedicaba a la santificación de los «hermanos», por medio de una piedad sobre todo interior, mantenida con la frecuencia de los sacramentos, la oración en común en días determinados y las obras de caridad.

El Oratorio de Roma fue, sin duda, el primer núcleo de la Orden Teatina, del cual los fundadores heredaron el espíritu de una sólida piedad y de la acción apostólica.

El 30 de septiembre de 1516, Cayetano fue ordenado sacerdote y el 30 de abril de 1518 marchó a Vicenza, para asistir a los Incurables, en el Véneto, según la modalidad que, en Génova y en otros lugares, había instituido Vernazza (1499). Se inscribió en la sociedad de S. Jerónimo de la Caridad, en Vicenza, el 9 de enero de 1519, y en la del Santísimo Cuerpo de Cristo, en Verona el 10 de julio de 1519; restauró los Estatutos y reanimó el fervor, según el espíritu del Oratorio romano.

Pasó después a Venecia, a requerimiento de su director espiritual, el dominico Juan Bautista Carioni de Crema, fundando en la cuaresma de 1522 el Nuevo Hospital de Incurables, que alcanzó muy pronto gran esplendor. Después de dos años de actividad en Venecia, en 1523 regresó a Roma para poner en práctica su proyecto de reforma de la Iglesia con la fundación de una Compañía de Clérigos Regulares.

En el Oratorio del Amor Divino encontró a sus primeros compañeros: Juan Pedro Carafa, Bonifacio de Colle y Pablo Consiglieri.

Juan Pedro Carafa había nacido en una familia noble, probablemente en Capriglia (Nápoles) el 28 de junio de 1476. De joven había deseado, aunque en vano, ingresar en la Orden de los Dominicos; acabados sus estudios y recibida la tonsura en el 1494, marchó a Roma a casa de su tío, el Cardenal Oliviero Carafa, viviendo con toda integridad en la corte de Alejandro VI. Fue nombrado Protonotario en 1503 por Julio II y el 30 de julio de 1504 es elegido Obispo de Chieti, no siendo consagrado hasta el septiembre de 1506.
En este mismo año fue enviado por Julio II, como Nuncio a Nápoles, con una misión especial cerca del rey, Fernando el Católico; y en 1507 pasó a Chieti, empezando una serie de reformas en aquella diócesis. Regresó a Roma en 1513 para tomar parte en el Concilio de Letrán. Este mismo año fue enviado por León X, como Legado a la corte de Enrique VIII; en Inglaterra se hizo amigo de Erasmo de Rotterdam, que fue un admirador de su virtud, de su extraordinaria cultura y del conocimiento que tenía de las lenguas orientales.

De Inglaterra pasó a Flandes a la corte de la Regente, Margarita de Austria, y en 1517 acompañó a Carlos V en su viaje a España como Vice-Capellán por el reino de Nápoles. En el Consistorio del 20 de diciembre de 1518, León X, a propuesta del Emperador, le nombró Arzobispo de Brindis, pero conservando la sede y el título de Chieti.

En 1520 estaba de nuevo en Roma, junto a León X, mientras se discutía la causa contra Lutero; es bastante probable su intervención en la redacción de la Bula «Exurge, Domine», en la que se condenaba al apóstata (15 de junio de 1520).
Adriano VI, amigo suyo ya en la corte de España, lo tomó como ayudante para la reforma, que inició este Papa, aunque no pudo llevarla a cabo, debido a la prematura muerte del Pontífice.

Su sucesor, Clemente VII, le nombró examinador de los ordenandos «in sacris», en Roma. Como «Hermano» del Amor Divino, Carafa conoció en 1523 a Cayetano de Thiene en Roma y a principios de 1524 le pidió insistentemente que le admitiera en su proyecto de reforma. A pesar de la irreducible diversidad de caracteres, Carafa, el fogoso napolitano y Cayetano, el pacífico vicentino iban de acuerdo totalmente en su acción apostólica. La idea fundamental era reformar radicalmente al Clero y con él al pueblo cristiano, incitando a la acción individual, puesto que las decisiones de los Concilios y de los Papas, acerca de la reforma del Clero en masa, se habían demostrado hasta ahora ineficaces.

Como «clérigos» tendrían especial cuidado de las almas, de la administración de los sacramentos, de la predicación y de la vida litúrgica. Como «regulares», los Fundadores querían una sociedad basada en el principio de la vida común y en la profesión de los tres votos: pobreza, castidad y obediencia; obedecerían a un Prepósito y estarían sujetos directamente a la Santa Sede.

Para luchar contra «la raíz de todos los males» en la Iglesia, la codicia, los Fundadores abrazaron la pobreza apostólica, en su forma primitiva: no tendrían bienes inmuebles ni entradas fijas ni beneficios; confiarían en la divina Providencia, sin mendigar; vivirían de las ofrendas que los fieles les dieran libremente.

No querían (siguiendo las decisiones conciliares, que prohibían la institución de Ordenes nuevas) fundar una Orden nueva, en el sentido corriente de la palabra, al lado de las ya existentes, bajo las cuatro Reglas tradicionales, porque «no queremos ser otra cosa - escribiría más tarde Carafa - que clérigos, que vivan según los sagrados cánones, en común y del común, con los tres Votos, ya que éste es el modo más conveniente de conservar la vida clerical».

De esta manera se restauraba aquella vida apostólica - comunidad de clérigos bajo un Superior - que había sido profanada por la codicia, la simonía, la incontinencia y por otros males y que iba desapareciendo poco a poco, ya en el s. XVI. La vida apostólica, unión de vida monástica y clerical, sería la Regla de los Clérigos Regulares.
Según los antiguos testimonios de A. Caracciolo y de A. Prato, el plan de Cayetano habría encontrado no pequeña oposición en la Corte Papal, sin embargo el Santo lo habría defendido hasta el punto de hacer exclamar a Clemente VII: «No encontré tanta fe en Israel».

El 24 de junio de 1524, el Papa aprobó la fundación con el Breve «Exponi nobis». El histórico Breve, redactado por Sadoleto en un elegante latín, iba dirigido a Carafa, a Cayetano y a sus compañeros y sucesores. Después de referirse a las peticiones de los destinatarios, el Papa les concede:
1.    emitir públicamente los tres votos;
2.    vivir en común con el hábito clerical con nombre de Clérigos Regulares, bajo la protección apostólica inmediata;
3.    elegirse cada año un Prepósito, que podía ser reelegido, pero no más de tres años seguidos;
4.    admitir a otros a la profesión, tengan la dignidad que tengan, después de un año de Noviciado;
5.    les permite tomar cualesquiera medidas, que encuentren necesarias en vista a la Misa y al Oficio divino, con tal que sean honestas, razonables, y no vayan contra los sagrados cánones;
6.    les hace partícipes de los privilegios de los Canónigos Regulares Lateranenses.
Eran muchas concesiones, dada la oposición que había en la Corte a un nuevo género de vida religiosa. Habiendo hecho la renuncia a sus bienes, oficios y beneficios, el 14 de septiembre, los cuatro Sacerdotes reformados hicieron la profesión solemne en la Basílica Vaticana, delante de Mons. J. B. Bonciano, Obispo de Caserta y delegado de Clemente VII para este acto.

Fue elegido Prepósito de la nueva Comunidad, Juan Pedro Carafa. La primera residencia en Roma fue la casa, en la Vía Leonina, que Bonifacio De Colle había cedido al nuevo Instituto; para ejercer su ministerio iban a la cercana iglesia de S. Nicolás «dei Prefetti», en el Campo Marcio.
Los Clérigos Regulares se dedicaban a los oficios divinos, a la oración, al estudio de las ciencias sagradas, a la predicación, a asistir a los enfermos incurables del cercano hospital de Santiago «in Augusta». El año Santo de 1525 ofreció un extenso campo a su celo, cuidando y asistiendo a los peregrinos.

Sin embargo, su actividad iba dirigida sobre todo a reformar al clero: la predicación, que era un deber propio de los obispos y sacerdotes, pasó a ser un ejercicio exclusivo de los frailes, y con admiración de los contemporáneos los vieron con roquete y bonete en los pulpitos.

Respecto a la frecuencia de los Sacramentos y a las obras de caridad y de asistencia social no se ha de olvidar que los fundadores y la mayor parte de los primeros Clérigos Regulares eran miembros del Oratorio del Amor Divino. Ya en Vicenza, Cayetano había conseguido que los «hermanos» recibieran la Eucaristía varias veces a la semana; en 1533, al escribir a Sor María Carafa, deja entrever que las monjas de la Sapiencia, dirigidas por él, comulgaban cada día. Los cronistas de su tiempo y los historiadores de hoy día, afirman, que uno de los primeros frutos del renacimiento espiritual dirigido por los Teatinos, fue la frecuencia de los Sacramentos.

Con el fervor de estas obras crecía el número de los seguidores: El 30 de abril de 1525, fue aceptado el primer candidato al nuevo Instituto, Bernardino Scotti, joven sacerdote de Magliano Sabino y futuro Cardenal de Trani.
Se le unieron otros en breve tiempo hasta llegar a doce; la mayoría de ellos eran «hermanos» del Oratorio del Amor Divino. El 14 de septiembre de este mismo año, se tuvo el primer Capítulo General: Carafa fue confirmado como Prepósito.

A finales de 1525, después de residir en la Vía Leonina, que fue solo una residencia provisional, los Clérigos Regulares pasaron a una casa en el Pincio, cedida por un amigo de ellos, Juan Mateo Giberti, que estaba situada cerca de la actual Villa Medici.

Allí Carafa se encargó, en 1526, de Luis de Frosombrone y de su hermano Rafael, que fueron los primeros discípulos de fray Mateo de Bascio. Con sus influencias en la Corte pontificia consiguió el Teatino allanar las dificultades para poder instaurar la reforma capuchina.

Huéspedes de los Teatinos en el Pincio encontramos, poco después, a Pablo Giustiniani (1496-7528), amigo austero de Cayetano, junto con D. Pedro Gabrielli de Fano, quienes, ayudados por los Clérigos Regulares, estaban trabajando entonces en la reforma de los Camaldulenses. Y no serán los únicos.

En el retiro del Pincio les sorprendió en mayo de 1527 el temporal del Saqueo de Roma. Agredidos por los lanceros, los religiosos fueron hechos prisioneros y llevados como rehenes a la torre del Reloj, en el Vaticano. El 25 de mayo fueron puestos en libertad, gracias a la generosidad de un coronel español, huyendo a Civitavecchia y desde allí, probablemente por tierra, llegaron a Venecia el 17 de junio. Acogidos, provisionalmente, en S. Clemente, al lado de la Judería, pronto se trasladaron a Sta. Eufemia, para pasar el 30 de agosto a S. Gregorio, en el Gran Canal, cerca de la actual Sta. María de la Salud.

En ella, el 14 de septiembre, se tuvo el Capitulo anual y, terminado el trienio de Carafa como Prepósito, fue elegido para este cargo Cayetano de Thiene. El 29 de noviembre, los Teatinos tomaron posesión, definitivamente, de S. Nicolás de Tolentino en Venecia.

El hambre y la peste, que asolaron en 1527 y 1528 el territorio véneto, fueron motivo para ejercitar de nuevo su caridad. Asistiendo a los huérfanos y a los abandonados, Thiene y Carafa se encontraron con Jerónimo Miani, quien bajo su dirección espiritual (como recuerda el Breviario romano) estaba empezando su misión providencial de Padre de la infancia abandonada.

Desde Venecia, Carafa dirigía y animaba a Andrés Lipomano, prior de la Trinidad y de Sta. María Magdalena de Padua, en el terreno de la beneficencia y de la conservación de la fe, para actuar en aquella ciudad, en la que los «hermanos» de un Oratorio del Amor Divino, nacido allí por el 1522, eran dirigidos espiritualmente por los teatinos de S. Nicolás de Tolentino; como otro grupo de «Hermanos», que se habían formado en Saló en el Garda.

Aún desde Venecia, Cayetano en una carta del 15 de febrero de 1530, invitaba al renombrado tipógrafo, Paganino .Paganini (+1538), a ir de Toscolano en el Garda a Venecia para enseñar a sus clérigos el oficio de tipógrafo, como medio de evangelización; se ignora cuál fuera el éxito de esta invitación; sin embargo, los biógrafos del Santo hablan del uso que hacía Cayetano de las publicaciones populares y escuetas para neutralizar la herejía. Más tarde será Carafa, siendo Papa, quien ordenará en Roma que se implante la primera tipografía, dependiente directamente de la Santa Sede.

Interesantes fueron también las relaciones sostenidas, tras su llegada a Venecia, de Cayetano y Carafa con fray Buenaventura de Centis, natural de Brescia, de los Menores Observantes, que se habían separado de los Conventuales bajo el pontificado de León X. Con él, como asegura una correspondencia conservada en la Vaticana, mantuvo Cayetano importantes coloquios sobre cuestiones internas de la Orden de los Menores; y al ir a Roma, Carafa le confió el 4 de octubre de 1533, una misión especial ante Clemente VII, entregándole el célebre «Memoriale», en el que el Teatino ponía al desnudo las lacras de la Iglesia y proponía al Pontífice las reformas que el juzgaba más oportunas para bien del clero y de los fieles.

En 1528 surgió un difícil problema entre la colonia de griegos y el Patriarca de Venecia; Clemente VII en dos Breves del 21 de enero de 1529, nombró a Carafa comisario pontificio, con plenos poderes, para solucionarlo. Al Obispo teatino también se le encargó en 1529 arreglar el desacuerdo en la Congregación de los Ermitaños de Dalmacia, instituida en 1524 por Jaime. Pavone, según la regla de S. Jerónimo, bajo la protección del Obispo de Sebenico, Juan Stafileo.

Juan Mateo Giberti, amigo y bienhechor de los Teatinos, encontró en ellos gran apoyo para implantar, a pesar de la oposición del Capítulo de la Catedral, la reforma en la ciudad y diócesis de Verona, en donde se estableció Bonifacio de Colle con siete Religiosos más, cerca de Sta. María de Nazaret el 1 de noviembre de 1528; esta fundación, por razones de índole local, no prosperó y al año siguiente (1529) los Teatinos abandonaron Verona; pero volvieron allá definitivamente entre el 1540 y 1541, llamados, otra vez, por el Obispo amigo.

Desde el comienzo de su fundación, los Teatinos tomaron una postura netamente ofensiva contra la herejía; los primeros choques con ella los tuvieron en Venecia; en 1530, el nuncio Atobello Averoldo encargó a Carafa revisar el proceso contra Jerónimo Galateo, fraile conventual luteranizante, quien fue procesado en Padua y condenado según sentencia pronunciada por el Teatino el 16 de enero de aquel año. En su ((Memorial», Carafa se lamentaba que la Inquisición véneta no procediera contra los herejes con la energía requerida; Clemente MI, en un Breve dirigido a él, el 9 de mayo de 1530, alababa su celo y le exhortaba a poner todo su esfuerzo «para que aquel ínclito y ortodoxo dominio fuese conservado en la auténtica religión».

«Por lo demás - observa Paschini - la República escuchaba siempre el parecer de Carafa sobre cualquier asunto eclesiástico un poco grave; se diría que actuaba como un Nuncio».

La vida litúrgica era otra de las características de la reforma teatina y un medio eficaz para sanear a los eclesiásticos. La autorización, que los Teatinos habían recibido de Clemente VII acerca del Oficio divino, en el primer Breve de la fundación, en 1524, quedó confirmado con otro del 21 de enero de 1529, en el que se les concedía, por un año, celebrar la Misa y el Oficio divino según el modo elaborado por ellos, pero sin que los otros pudieran adoptarlo sin aprobación pontificia. Carafa, el 1 de enero de 1533, comunicaba a Giberti que la reforma del Breviario sería larga y difícil; la del Oficio de la Virgen había sido realizada ya, en 1529. A la reforma del Breviario se dedicaron especialmente los PP. Bernardino Scotti, Tomás Goldwel y Jeremías Isachino. Cuando el 9 de julio de 1569, Pío V siguiendo los deseos del Tridentino y rechazando la reforma de Quiñones, publicó el nuevo Breviario romano, se vio que se habían aceptado los criterios propuestos y experimentados por los Teatinos.

Los Clérigos Regulares nunca se ataron rígidamente al servicio del coro, como los Canónigos Regulares y las Ordenes Mendicantes; de hecho, Clemente VII con otro Breve del 21 de enero de 1529, concedía al Prepósito de los Clérigos Regulares que, si querían dedicarse al ministerio de la predicación, al estudio de la teología y de los cánones j al cuidado de los enfermos, podía conmutar a los Religiosos el Oficio divino con el rezo de seis o siete Salmos, repartidos con siete Padrenuestros, dos veces el Símbolo de los Apóstoles, j en caso de enfermedad con un Padrenuestro j una Aventaría. Los Clérigos Regulares subordinaban, por tanto, el servicio del coro al del apostolado.

Cada año, en los Capítulos Generales, según las necesidades y experiencias que tenían, iban acomodando las propias Constituciones, según la concesión otorgada por Clemente VII a los fundadores. El primer esbozo de Constituciones lo tenemos en la carta, que a finales de 1527, Bonifacio de Colle escribió a Giberti; en ella se ve la vida que llevaban los primeros Teatinos, descrita en una forma que no es tan rudimentaria, que no puedan conocerse los detalles; ante todo es evidente la rígida observancia de los tres votos; se hace notar que:
1. ningún precepto, emanado del Instituto, obliga por sí mismo bajo pecado;
2. el Noviciado duraba de uno a tres años;
3. el Oficio divino se rezaba en el coro en horas diurnas y nocturnas, según costumbre de la Iglesia romana;
4. muy cuidadosa era la observancia de los sagrados ritos en la administración de los Sacramentos y en la celebración de los oficios divinos;
5. llevaban vestido talar simple como lo usaban los buenos clérigos;
6. nadie salía de casa, para el ministerio sin un acompañante, y sin haber orado antes en la iglesia y haber pedido la bendición al Prepósito;
7. dos veces, al día, por la mañana y al anochecer, al dar la señal, se arrodillaban, cada uno en su lugar, o en su habitación, para hacer oración; en verano se hada al mediodía en lugar del anochecer;
8. además de los ayunos prescritos por la Iglesia, ayunaban todos los viernes del año y en tiempo de Adviento;
9. en el comedor, no faltaba nunca la lectura de la sagrada Escritura o de los santos Padres; se observaba una costumbre especial en la lectura del Evangelio, ya que cada semana se leía un evangelio entero y en un mes los cuatro;
10. los que cuidaban de la sacristía, biblioteca, ropería, portería, huerto, cocina y de otras dependencias tenían sus respectivas normas.
Las otras particularidades de la vida teatina -concluye el documento- las podrá conocer solamente el que la abrace y se convencerá de la belleza de una vida en la que reina sobre todo la caridad de Cristo.

En el Capítulo de 1530 Carafa fue elegido de nuevo Prepósito y confirmado cada año para un segundo trienio (1530-1533), dedicándose a consolidar al Instituto, de forma que Clemente VII, en un Breve del 7 de marzo de 1533, le dio reconocimiento pleno como personalidad jurídica.

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