Nuestra Espiritualidad
La espiritualidad de los Teatinos es: «clerical», «regular» y «apostólica».
Espiritualidad «clerical».
Este carácter es la nota distintiva y esencial. Cayetano y sus primeros compañeros son sacerdotes; sus estudios, sus cargos, sus ejercicios revelan el estado clerical; la función de la misma es una reacción contra el relajamiento y decadencia de las costumbres del clero; los primeros teatinos desearon remediarlo con una vida ejemplar verdaderamente sacerdotal y vivida en comunidad.
Los teatinos son así una Orden esencialmente sacerdotal. Su espiritualidad es esencialmente sacerdotal: Es por la renovación interior y la reforma individual que el sacerdote está impulsado a vivir según la santidad de su vocación. Cayetano concibió la búsqueda de la perfección como una prueba de fidelidad a la vocación sacerdotal inculca a sus hijos y les deja en heredad espiritual:
1. su culto ardiente a la Eucaristía y a la Virgen,
2. su apostolado en favor de la comunión frecuente,
3. su fervor en la celebración de la Misa,
4. su celo por el ministerio de la confesión y la dirección espiritual,
5. la digna recitación del Oficio Coral y,
6. el trabajo en favor del esplendor de la iglesia y de las ceremonias.
El Fundador y los primeros teatinos atraen la atención sobre los caracteres esenciales y permanentes de la espiritualidad sacerdotal en una época y en un clima que los despreciaban.
Espiritualidad «regular».
La Institución de los Clérigos Regulares tiene como fin poner los elementos característicos de la vida religiosa al servicio de la santidad sacerdotal.
La profesión de los votos religiosos y la observancia de una «regla» común estarían comprendidas como el medio más eficaz para mantener, fortalecer y promover el estado sacerdotal. La espiritualidad monástica, entendida como una búsqueda de la perfección, concordaría plenamente con el carácter del ministerio sacerdotal, volcado totalmente hacia el prójimo.
En el espíritu de la vida regular, el ascetismo teatino, que aspira a la reforma y a la renovación interior, ante todo, organiza con método y resolución el combate espiritual.
Más que ejercicios, prácticas de piedad y de penitencias - que conservan por demás su sitio y valor- la espiritualidad teatina exige esta renovación: «pureza de corazón, vigilancia de los sentidos, docilidad a las inspiraciones de la gracia». Esta formación del hombre interior es una de las constantes de la vida de los teatinos.
El fruto y la síntesis de este espíritu que se encontró tan ardiente entre los teatinos y los diversos movimientos espirituales del S. XVI, están recopilados en el famoso libro ascético «Combate espiritual» (Venecia, 1589) de Lorenzo Scúpoli.
Espiritualidad «apostólica».
El primer capítulo de las Constituciones declara que uno de los fines de la Orden es «llevar vida clerical e instaurar en la Iglesia de Dios la primitiva forma del vivir de los apóstoles, para que mostremos en nuestra vida el modelo y el ejemplo del eclesiástico». Cayetano y sus Clérigos quieren inspirarse, en su manera de vivir y trabajar, en los ejemplos de Cristo y de los apóstoles.
La lectura asidua y la interpretación casi literal «sin comentario alguno» del Evangelio tendían a grabar en sus espíritus el programa de perfección evangélica que ellos querían realizar: Renuncia a los bienes temporales, desprendimiento en la paz y tranquilidad interior, fundadas sobre la confianza filial en la Divina Providencia. La conformidad entre la vida apostólica del sacerdote y la vida regular aparecía en Cayetano y sus compañeros, muy simple, si se contempla a Cristo y a sus primeros discípulos: La vida «apostólica» llegó a ser una exigencia de la vida sacerdotal.
El segundo capítulo de las Constituciones añade que la obediencia y la caridad deben dirigir y animar la vida apostólica bajo sus múltiples formas: «Ninguna función, ningún trabajo ni ningún ministerio eclesiástico puede decirse que nos pertenezca especialmente, ya que nuestra Orden abarca todos ellos por igual. Por lo tanto, debemos considerar como propio de nuestra vida cualquier función, ora o ministerio sobre todo si ellos nos lo pide la obediencia o la caridad».
La espiritualidad sacerdotal de los Teatinos y su espíritu reformador, su ascesis, su celo por las almas, quedarán como las características de los Institutos de Clérigos Regulares que nacieron a partir del s. XVI: Jesuitas, Somascos, Barnabitas, etc...





