Sal 1, 1¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,
Sal 4, 3 Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira?
Sal 8, 5-7¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?
Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor; le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies:
Sal 18, 49 Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.
Sal 39, 9 Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.
Mt 4, 4 «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
Mt 7, 12«Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
1 Co 6, 19-20¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.
Lc 4, 18 El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos
Art.30. Los Superiores, por su parte, así como preceden a los demás en razón del cargo o dignidad que ostentan, deberán también aventajarlos en la práctica de las virtudes religiosas, y ejercer su autoridad en espíritu de servicio a los hermanos, hasta convertirse en una viva expresión de la caridad con que Dios los ama.
Gobiernen a sus súbditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana, fomentando su obediencia voluntaria y procurando que, en el desempeño de los cargos y en la aceptación de cualquier otra tarea, colaboren con una obediencia activa y responsable.
Art.84. El Prepósito debe tratarlos con afecto de padre y, si la necesidad lo exige, designará una persona diligente, dotada no sólo de caridad y paciencia, sino también de todas las demás virtudes, para que cuide de ellos.
Brilla, en esto, el ejemplo de nuestro Padre S. Cayetano, que se deshacía en atenciones para con los enfermos hasta el extremo de servirles personalmente y de darles la comida con sus propias manos.
Art.99. Se conserven y fomenten los seminarios menores y otras instituciones semejantes, en los que, con el fin de promover vocaciones, se dé una peculiar formación religiosa, junto con la enseñanza humanística y científica con la que los jóvenes en su propia región se preparan para realizar los estudios superiores.
Art.131 Es preciso que los clérigos, siendo Ministros de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, se distingan por el conocimiento de las buenas letras, pero, sobre todo, de la Teología y demás disciplinas sagradas, de modo que nunca, por su falta de formación, los Misterios divinos puedan llegar a ser celebrados con desdoro de la Orden.
El Prepósito General y los Prepósitos Provinciales deberán preocuparse, por tanto muy especialmente, de que nuestros estudiantes, una vez instruidos en las disciplinas inferiores, aprendan, a través de Maestros y Lectores competentes, Filosofía, Teología, Sagrada Escritura, Sagrados Cánones y demás disciplinas eclesiásticas.
Art.145 Es de todos sabido que el progreso de la Orden y el bien de la Iglesia dependen principalmente de la santidad y ciencia de sus miembros.
Nuestros religiosos, siguiendo las huellas de sus Antepasados, que nada omitieron para que su sacerdocio fuera cada día más fecundo, continuarán diligente y responsablemente su formación espiritual, doctrinal y práctica durante toda la vida para que, "maduros en la ciencia", su doctrina sea "espiritual medicina para el Pueblo de Dios".
Art.149 Por último, recuerden los Prepósitos que están obligados no sólo a promover una ulterior formación cultural y técnica de los hermanos, sino que han de procurar también que se dé a todos, clérigos y laicos, una adecuada formación espiritual para que el religioso, mediante una constante renovación de su mente y corazón, se consagre cada día más íntimamente al servicio de Dios, vigorice su actividad apostólica y no desfallezc en el seguimiento de Cristo que no cesa de llamarle, recordando la doctrina de nuestro Padre S. Cayetano:La verdadera e inapreciable alegría del hombre espiritual consiste en el ansia de asemejarse, corporal y espiritualmente, a Jesús, sin esperar ningún otro premio.
Se dan hechos y situaciones que, vistas con ojos humanos, se nos parecen contratiempos, no siendo, a la luz de la fe, otra cosa que favores que el Señor se digna otorgarnos en su infinita bondad. En el caso presente ¿a qué tanto lamentarnos, a no dar tregua a nuestro llanto, a poner el grito en el cielo, en vez de considerar cuan obligados estamos de darle gracias a Dios que, en su gran misericordia, ha otorgado a esta alma el mayor de todos los bienes, ya que han pesado mucho más las oraciones de los santos que la reclamaban en el cielo que los clamores de los hombres que la querían en la tierra ?
Cap 3 – párrafo 4. ¿cómo es posible que abandone a quien, como oveja perdida, busca y llama a su pastor? Y ¿quién puede creer jamás que Dios, que sin tregua llama a la puerta del corazón del hombre deseando entrar y comer con él, se haga el sordo y se resista a entrar, cuando el hombre le abre el corazón y lo invita? (Ap 3,20).
Cap 10 – párrafo 4. Para huir de ese engaño, el remedio intrínseco y propio sería la pureza del corazón, que consiste en despojarse del hombre viejo y vestirse del hombre nuevo (Col 3,9- 10; Ef 4,22- 23): a ese fin es al que se dirige todo este Combate.
Cap 13, párrafo 15. Ese espíritu (como dijimos en el capítulo 1) no consiste ni nace de ejercicios deleitables o conformes a nuestra naturaleza, sino de los que la crucifican con todos sus actos. Por
eso, una vez renovado el hombre por medio de los hábitos de las virtudes evangélicas, lo unen a su Señor crucificado y creador.
Num. 73. “La vida consagrada tiene la misión profética de recordar y servir el designio de Dios sobre los hombres, tal como ha sido anunciado por las Escrituras, y como se desprende de una atenta lectura de los signos de la acción providencial de Dios en la historia”
Num 108. “ … Las personas consagradas testimonian que quien sigue a Cristo, el hombre perfecto, se hace también más hombre.”
Num 110. “que este nuestro mundo confiado a la mano del hombre, y que está entrando en el nuevo milenio, sea cada vez más humano y justo, signo y anticipación del mundo futuro, en el cual Él, el Señor humilde y glorificado, pobre y exaltado, será el gozo pleno y perdurable par a nosotros y hermanos junto con el Padre y E.S.”