Art.39 Colaborar con el Evangelio en la edificación de la Iglesia, sirviendo con humildad al Señor de la mies (Lc 10,2) y ardiendo de celo por las almas, como hijos de S. Cayetano, que fue llamado Cazador de almas, debe ser nuestra principal preocupación.
Por consiguiente, en la predicación, en la catequesis, en las iglesias y parroquias, en la dirección de oratorios o asociaciones de cualquier género e índole, en la educación de los jóvenes, en cualquier obra de apostolado que se nos confíe, todos y cada uno de los que nos gloriamos de militar bajo el estandarte de la Cruz, pero sobre todo los religiosos ordenados in sacris, profundamente preocupados por el bien de la Iglesia, nos dedicaremos con todas nuestras fuerzas a que los hombres crean en Aquel, que es el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6).
Art.40. Cuando se presente la ocasión, nuestros religiosos no dejarán de asumir la parte que les corresponde en la actividad misional de la Iglesia para poder, así, imitar en nuestros días, el celo de nuestros Antepasados, quienes, como todos saben, tanto trabajaron en tierras de infieles y en atraer a los cristianos separados a la plena unidad de la Iglesia.
Art.44. En realidad los Clérigos Regulares, fieles a una tradición que se remonta a nuestros orígenes, debemos tener siempre en mucha estima la celebración del Oficio Divino. Pues, al celebrarlo dignamente, tanto solos como unidos con los demás fieles, participamos del altísimo honor de la misma Iglesia que alaba públicamente a Dios, convirtiéndonos de verdad en la voz de la misma Esposa que habla a Cristo, su Esposo, o, más todavía, en la voz y oración de Cristo, con su Cuerpo místico, que se eleva hasta el Padre.
Art.54. A la oración asidua hemos de unir también la frecuencia de sacramentos que, por ser acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza nuestra santificación.
Art.74. No nos olvidemos de observar en todas partes, pero sobre todo en las iglesias, una compostura tal, en la cara y ademanes, al caminar y al hablar, que sólo manifestemos gravedad, moderación y plena religiosidad.
Art.145 Es de todos sabido que el progreso de la Orden y el
bien de la Iglesia dependen principalmente de la santidad y ciencia de sus miembros.
Nuestros religiosos, siguiendo las huellas de sus Antepasados, que nada omitieron para que su sacerdocio fuera cada día más fecundo, continuarán diligente y responsablemente su formación espiritual, doctrinal y práctica durante toda la vida para que, "maduros en la ciencia", su doctrina sea "espiritual medicina para el Pueblo de Dios".
Os ruego que con humildad os mantengáis vinculados a la santa Iglesia de Cristo, que no tiene arruga ni mancha, licet in ministris prostituta.
Cap 63, párrafo 2. En cuanto al primer asalto, si el enemigo comienza a tentarte con sus falsos argumentos, aparta en seguida el entendimiento y retírate a la voluntad diciendo: «Apártate, Satanás (Mt 16,23), padre de la mentira (Jn 8,44), que no quiero ni escucharte, pues me basta creer cuanto cree la Iglesia católica».
Num 3. “La presencia universal de la vida consagrada y el carácter evangélico de su testimonio muestran con toda evidencia,… que no es una realidad aislada y marginal, sino que abarca a toda la Iglesia.”
Cap III. EN LA IGLESIA Y PARA LA IGLESIA